En el siglo XXI, hablar de salud es hablar también de ciudad. El espacio urbano determina en gran medida nuestras condiciones de vida, bienestar y longevidad. En este contexto, la arquitectura se revela como un instrumento esencial para configurar entornos que cuiden, sostengan y dignifiquen la vida. Este artículo se enmarca en una creciente línea de pensamiento que articula salud pública, arquitectura y urbanismo desde una perspectiva del cuidado (Otero Verzier, 2022).
Frente a la fragmentación disciplinaria, proponemos mirar los Centros de Atención Primaria no solo como equipamientos funcionales del sistema sanitario, sino como piezas fundamentales del ecosistema urbano del bienestar. Los CAP deben ser entendidos como espacios públicos de proximidad, territorios de cuidado y ciudadanía, integrados en la red afectiva, simbólica y material de los barrios.
El centro de salud como espacio cívico
Un CAP es, antes que nada, la puerta de entrada al sistema sanitario. Aquí se realizan diagnósticos, seguimientos de enfermedades crónicas, campañas de vacunación, consultas de salud mental, programas de prevención y actividades comunitarias. Pero su rol va mucho más allá de la prestación médica. Se trata de infraestructuras de proximidad, insertas en el ritmo cotidiano de la vida barrial, cargadas de valor simbólico y afectivo.
Como advierte Inés Sánchez de Madariaga (2004), los equipamientos públicos no pueden considerarse únicamente desde su funcionalidad técnica, sino como actores sociales y urbanos. En el caso de los CAP, su capacidad para generar confianza, vínculo y reconocimiento convierte a estos espacios en verdaderos centros cívicos. Son lugares donde se produce comunidad, donde se ejercen derechos, donde se cuida más que cuerpos: se cuidan vínculos, territorios y modos de vida.
Espacio público: una red para la vida urbana
Tradicionalmente, al hablar de espacio público pensamos en plazas, parques o calles. Sin embargo, como apunta Manuel Delgado (2011), el espacio público es también una red de lugares institucionales donde se expresa lo común. Escuelas, bibliotecas, centros culturales y centros de salud forman parte de este tejido urbano que sustenta la vida democrática.
Los CAP, al acoger actividades abiertas, promover la inclusión y estar físicamente insertos en los barrios, operan como extensiones del espacio público. En ellos se cristaliza el derecho a la ciudad (Lefebvre, 1968), entendido no solo como acceso a infraestructuras, sino como participación activa en la vida colectiva. La pregunta es entonces: ¿estamos diseñando los centros de salud como espacios públicos? ¿O siguen siendo edificios cerrados, burocráticos, ajenos a la lógica urbana y comunitaria?
Arquitectura y cuidado: proyectar dignidad y pertenencia
Desde el urbanismo, la salud ha sido históricamente una dimensión implícita en el diseño de las ciudades. Basta pensar en el higienismo del siglo XIX, en los jardines urbanos como pulmones verdes o en la zonificación sanitaria. Sin embargo, en las últimas décadas, la arquitectura ha comenzado a explorar con mayor profundidad cómo el entorno construido puede promover la salud más allá de lo estrictamente médico.
Autores como Richard Sennett o Jane Jacobs han enfatizado el rol del espacio público como lugar de encuentro, reparación y soporte mutuo. Bajo esta óptica, CAP no deben ser equipamientos aislados, sino piezas integradas en la red de espacios ciudadanos.
Esto supone una ruptura con el paradigma biomédico tradicional, que entiende la salud como un fenómeno individual y técnico, y nos invita a imaginarla como un derecho colectivo que requiere soporte físico, social y simbólico.
El diseño arquitectónico no es neutro. Cada decisión de proyecto—la orientación, los materiales, la escala, la relación con el entorno—transmite una visión del mundo. En el caso de los CAP, proyectar un edificio es proyectar también una ética del cuidado.
La arquitectura puede reproducir dinámicas de control, alienación o desigualdad, pero también puede habilitar relaciones de acogida, dignidad y pertenencia. Como señala Anne Lacaton (2020): “la generosidad espacial es una forma de justicia social”. Diseñar espacios que inviten a quedarse, que faciliten la orientación, que permitan la apropiación por parte de sus usuarios, es una forma concreta de cuidar.
La arquitectura del cuidado se expresa en detalles: en un acceso visible, en un patio que reciba con luz y vegetación, en una sala de espera que no parezca una antesala de angustia. Como propone Giancarlo De Carlo (1972), “la arquitectura no debe imponerse, sino ser el resultado de una interacción constante con la vida que va a albergar”.






Caso de estudio: Centro de Salud de Santa Coloma de Farners
El Centro de Salud de Santa Coloma de Farners es un ejemplo de ello; El edifico se sitúa en el eje principal del municipio, en las afueras de la ciudad, en unos terrenos sin urbanizar, y se consolida como un hito urbano que promueva la consolidación del crecimiento del municipio
La avenida Francesc Moragues articula diversos equipamientos públicos—ayuntamiento, estación, escuela, campo de fútbol—y el CAP se incorpora como un nodo más de esta red urbana. El edificio no se concibe como una cápsula funcional, sino como parte del “vivir comunitario”, en palabras de Alejandro Aravena.
El nuevo Centro de Salud forma parte de este continuo de edificios públicos y por tanto debe convertirse en un espacio mas allà de su función assistencial, debe formar parte del vivir de la comunidad, convertirse en un elemento que atraiga hacia el la Ciudad y la haga crecer y avanzar, convirtiéndose en un nodo de convivencia, positiva y multigeneracional.
Uno de los elementos clave es reconocer que la experiencia del paciente no comienza en la consulta, sino en los entornos previos: la calle, la plaza, el vestíbulo, la sala de espera. Todos estos momentos deben estar cuidadosamente pensados para fomentar bienestar, reducir la ansiedad y facilitar la orientación.
El diseño del CAP de Santa Coloma de Farners parte de una idea muy arraigada en la arquitectura publica de Catalunya, la idea del patio como espacio intermedio que media entre la ciudad y el interior del edificio público, una zona de transición que no es ni completamente exterior ni totalmente interior. Su función no es solo distributiva o funcional, sino también simbólica, espacial y social.
EL patio es el espacio de llegada, un espacio intermedio dentro-fuera, desde el que se accede a cada uno de los servicios del Centro de Salud: Consultorios de medicina General, Consultorios de Salud Mental i Servio de urgencias ambulatorias. El edifico organiza en cada lado del patio los accesos a cada uno de los servicios diferenciados, de manera que sean legibles de manera fácil e inmediata.
El patio permite accesos diferenciados y legibles a los distintos servicios del centro— medicina general, salud mental, urgencias—y a la vez actúa como extensión del espacio asistencial. Es también un espacio que extiende la actividad asistencial más allá de las paredes, un lugar donde puede desarrollarse actividades asistenciales al aire libre: terapias grupales de salud mental o sesiones de ejercicios para personas mayores
La arquitectura debe ofrecer espacios donde la gente se sienta bienvenida, donde se reconozca a sí misma. El patio de acceso cumple justamente este rol: invita, orienta y acoge.
El diseño del Centro de Santa Coloma incorpora una serie de estrategias desde la arquitectura que pueden sistematizarse como estrategias replicables para la creación de una arquitectura del cuidado:
A: Patio como entorno terapéutico
Inspirado en experiencias de arquitectura hospitalaria humanizada, el patio se diseña como jardín terapéutico: de escala adecuada, con vegetación sensorial, zonas de sombra, recorridos accesibles y mobiliario confortable. Se convierte en espacio de encuentro, de pausa y de actividad, configurando un entorno restaurador (Ulrich, 1984).
B: Diseño universal
El edificio aplica principios de accesibilidad universal: itinerarios legibles, ausencia de barreras físicas, señalética intuitiva, superficies antideslizantes. No se trata de adaptaciones posteriores, sino de una inclusión incorporada desde la génesis del proyecto.
C: Refugio climático
El patio y otras zonas comunes actúan como refugios climáticos, ofreciendo espacios frescos en verano, accesibles, con agua potable y zonas de descanso. En tiempos de emergencia climática, estos espacios no son un lujo: son infraestructuras vitales.
D: Orientación y legibilidad
El diseño facilita la orientación sin necesidad de asistencia. La claridad en los recorridos, la visibilidad de los accesos y la coherencia en la disposición de los espacios refuerzan la autonomía de los usuarios, reduciendo el estrés ambiental.
E: Estímulo de la interacción social
Los espacios intermedios, las zonas de espera, los jardines y los talleres están pensados para fomentar encuentros espontáneos o planificados. Son oportunidades para generar comunidad, especialmente en contextos de soledad urbana o fragilidad social.
F: Privacidad y recogimiento
A la vez que se fomenta la interacción, se garantiza la posibilidad de intimidad. Existen espacios de espera protegidos, rincones donde hablar con una visita, y consultorios que cuidan la confidencialidad, generando confianza.
G: Materialidad afectiva
Los materiales elegidos—madera, cerámica, piedra—son familiares, cálidos y saludables. La estética no es decorativa, sino que construye un ambiente afectivo, reconociendo al usuario como sujeto digno, no como paciente pasivo.
Conclusiones: hacia una ciudad del cuidado
En un contexto de crisis ecológica, sanitaria y social, el paradigma del cuidado se impone como horizonte ético y político para el urbanismo y la arquitectura. Los Centros de Atención Primaria son piezas clave en esta transición hacia una ciudad que cuide.
No se trata solo de mejorar la atención médica, sino de construir espacios que sostengan la vida en su dimensión cotidiana, afectiva y relacional. Integrar los CAPs en la red de espacios públicos es una cuestión de justicia espacial, de equidad territorial y de construcción de ciudadanía.
Como dijo Lina Bo Bardi: “la arquitectura no es un objeto, es una forma de vida”. Defender una arquitectura del cuidado es defender una arquitectura pública, comprometida con lo común, con lo cercano, con lo vivo. Y es también recuperar el poder de la arquitectura para imaginar futuros posibles, más humanos, más justos y saludables.
Referencias
Aravena, A. (2016). My Architectural Philosophy? Bring the Community into the Process. TED Talks.
De Carlo, G. (1972). An architecture of participation. Perspecta.
Delgado, M. (2011). El espacio público como ideología. Los Libros de la Catarata.
Lacaton, A. (2020). Más espacio por menos costo. Pritzker Architecture Prize Lecture.
Otero Verzier, M. (2022). Architectures of Care. Het Nieuwe Instituut.
Sánchez de Madariaga, I. (2004). Género y espacio público urbano. Instituto de la Mujer.
Ulrich, R. S. (1984). View through a window may influence recovery from surgery. Science
Albert Vitaller I Santiró es arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. MArch en “Gran escala en Arquitectura”, por la Universitat Politécnica de Catalunya.
Director General de Vitaller Arquitectura, de la que es fundador, una empresa con más de 20 años de experiencia exclusivamente en el campo de la arquitectura sanitaria, desarrollando proyectos en diferentes partes del mundo.
Sus principales obras son Oberig Clínic en Kíev, Clínica Neurológica y apartamentos adaptados Guttmann en Barcelona, Nuevo Hospital de Santa Caterina en Girona, Reforma y ampliación del Hospital Sant Pau de Barcelona, Remodelación del Hospital Clínico de Barcelona, Hospital Sociosanitario Manuela Solis en Valencia y Hospital Psiquiatrico Sagrat Cor de Martorell, entre otras.
Profesor en el curso de posgrado “El hospital del siglo XXI”, en la Universitat Politécnica de Catalunya-BarcelonaTech. Director del curso de Postgrado “Planificación y diseño de entornos favorables para el envejecimienti”, en Institut de Formació Contínua IL3 – Universitat de Barcelona. Miembro de Architects for Health (AfH), Arquitectes per l’Arquitectura (AxA) y Arquitectura i Sostenibilitat (AuS).



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