La arquitectura hospitalaria se enfrenta a retos de escala, digitalización y sostenibilidad. Sin embargo, existe un escenario donde estos desafíos se desvanecen ante la magnitud y la contundencia de lo elemental. Ante la escala de la Antártida hasta el mayor de nuestros retos resulta insignificante frente a la majestuosidad de lo básico.
En este contexto la “salud blanca” emerge como una manera de sostener la vida, en un territorio donde domina el silencio absoluto y el frío implacable. El concepto de “salud blanca” refiere a un sistema sanitario integral que trasciende la noción de edificio para convertirse en un sistema en movimiento, una red dinámica y adaptable capaz de garantizar la continuidad en la inmensidad blanca donde no existen estructuras sanitarias convencionales.
En el continente más frío, más seco, más ventoso del planeta, cubierto de hielo y rodeado por océanos, la infraestructura sanitaria se configura como un dispositivo estratégico para garantizar el acceso a la salud mediante la articulación entre bases, logística y medios aéreos y navales. El buque ARA Rompehielos Almirante Irízar constituye una pieza central de este sistema, operando como infraestructura sanitaria móvil durante la Campaña Antártica de Verano.
Este artículo analiza el rol del recurso físico para la salud en este escenario, destacando la importancia de los sistemas invisibles, la flexibilidad operativa y la redefinición del concepto de atención a la salud en territorios sin infraestructura convencional.

La salud en el límite
En el extremo sur del planeta el aislamiento geográfico, el clima hostil y la distancia redefinen lo esencial. La Antártida impone una lógica distinta, la distancia no es sólo geográfica sino operativa; el aislamiento no es circunstancial sino constitutivo. Por eso “salud blanca” es una manera de sostener la vida en un territorio donde el silencio absoluto y el frío implacable no son metáforas sino condiciones estructurales.


En este contexto, el recurso físico para la salud que tradicionalmente entendemos como infraestructura edilicia se ve obligado a transformarse. Ya no alcanza contar con edificios correctamente diseñados, es necesario concebir sistemas capaces de adaptarse, desplazarse y responder a condiciones de incertidumbre permanente. El recurso físico para la salud deja de ser estático para volverse dinámico.
El territorio como condicionante absoluto
El sistema sanitario antártico se desarrolla en un contexto donde cada variable condiciona el diseño y la operación. Las bases antárticas argentinas constituyen nodos aislados, con capacidades acotadas aptas para brindar una primera atención de emergencia al paciente y fuertemente dependientes del abastecimiento estacional.
Durante la época invernal la autonomía es total, no existe posibilidad de evacuación ni asistencia externa inmediata. Esto exige que cada base disponga de un nivel de asistencia sanitaria acorde a su dotación y perfil operativo. Sin embargo, durante el desarrollo de la Campaña Antártica de Verano, las actividades se intensifican y es cuando el sistema sanitario entra en su máxima exigencia.
La Campaña Antártica de Verano implica el despliegue operativo de medios navales, aéreos y terrestres para el reabastecimiento, mantenimiento y recambio de dotación de cada una de las trece bases antárticas argentinas. Este aumento de actividad incrementa el riesgo operativo y, por lo tanto, la demanda sobre el sistema sanitario.




El recurso físico como sistema en movimiento
En el escenario extremo que impone el continente blanco el recurso físico no puede limitarse a una infraestructura fija. Se configura como una red donde la capacidad de respuesta depende de la articulación de distintos componentes:
- Servicio de sanidad fijo de cada base antártica
- Medios para la aeroevacuación
- Medios navales con capacidad asistencial
- Infraestructura logística de soporte
El Rompehielos ARA Almirante Irízar representa la máxima expresión de este concepto. Constituye una unidad sanitaria móvil de alta complejidad, capaz de integrar diagnóstico, tratamiento y evacuación en un entorno dinámico y extremo.
En él, la infraestructura sanitaria se adapta a una condición singular, respondiendo simultáneamente a criterios de funcionalidad médica y exigencias navales.
El Irízar como infraestructura sanitaria móvil
El buque Rompehielos ARA Almirante Irízar constituye un hito para la vida marina sanitaria. Construido en 1977, fue adaptado en 1982 como buque hospital durante el conflicto de Malvinas. Se lo dotó de 160 camas de internación, sala de terapia intensiva y quirófanos.
En la actualidad constituye una pieza fundamental de la logística sanitaria antártica. Durante la Campaña Antártica de Verano, el rompehielos actúa como componente esencial en el sistema sanitario antártico. Su rol excede el transporte y apoyo logístico, es en sí mismo, un establecimiento de salud.
Su capacidad incluye:
- Áreas de atención médica ambulatoria
- Área quirúrgica
- Sistemas de diagnóstico
- Área de internación para cuidados intermedios
- Área de internación para cuidados críticos
- Capacidad de evacuación aeromédica mediante helicópteros
En la cubierta 02 del buque se ubican consultorio médico, consultorio odontológico, enfermería, laboratorio, sala de internación de cuidados intermedios y la planta de generación de oxígeno. Mientras que en la cubierta 03 se disponen quirófano, sala de terapia intensiva y sala de recuperación quirúrgica.
Este buque insignia de la Armada Argentina, con su capacidad sanitaria, no sustituye a las bases antárticas, sino que las complementa, amplía su capacidad de respuesta y reduce el riesgo sistémico. Permite que el cuidado de la salud deje de estar asociado a un lugar fijo y pasa a ser una condición sostenida en el tiempo y el espacio.






La infraestructura invisible: el soporte de lo esencial
En la Antártida, lo visible es apenas una parte del sistema. La verdadera condición de posibilidad de la “salud blanca” reside en la infraestructura invisible:
- Sistemas de generación y distribución de energía
- Climatización en condiciones extremas
- Abastecimiento de agua y alimentos
- Gestión de residuos
- Mantenimiento continuo
Estos sistemas no solo garantizan la habitabilidad, sino que sostienen la operatividad sanitaria. Sin energía, no hay diagnóstico; sin climatización, no hay condiciones mínimas de atención; sin logística, no hay continuidad. Desde la arquitectura hospitalaria, esto implica un cambio de enfoque: el diseño debe priorizar la resiliencia, la redundancia y la facilidad de mantenimiento por sobre la optimización formal. En la Antártida, lo esencial no es negociable.



Redefiniendo el concepto de cuidado
La “salud blanca” redefine el concepto de cuidado. Ya no se trata únicamente de la atención médica directa, sino de la capacidad de sostener la vida en condiciones extremas.
Cuidar, en este contexto es:
- Garantizar condiciones de habitabilidad
- Prever contingencias
- Asegurar la continuidad operativa
- Integrar sistemas diversos en un todo coherente
La arquitectura hospitalaria se convierte así en una disciplina profundamente estratégica, donde cada decisión proyectual tiene impacto directo en la supervivencia.
Conclusiones
El sistema sanitario en la Antártida Argentina constituye un modelo singular donde el recurso físico se transforma en un sistema dinámico, integrado y resiliente. La articulación entre las bases antárticas argentinas y el ARA Almirante Irízar durante la Campaña Antártica de Verano permite sostener un esquema de atención que trasciende las limitaciones del territorio.
La “salud blanca” no es solo un concepto, sino una práctica concreta que demuestra que el cuidado puede sostenerse incluso en los confines más extremos del planeta. En este modelo, la arquitectura deja de ser un objeto para convertirse en un sistema vivo, capaz de adaptarse, moverse y responder. En la inmensidad blanca, donde todo parece inmóvil, el recurso físico está en constante movimiento. Y es precisamente allí, en esa tensión entre quietud y dinámica, donde la salud encuentra su posibilidad de existir.


Graciela Kapko
Arquitecta egresada de la FADU-UBA, especializada en planeamiento, diseño y gestión del recurso físico en salud, sustentabilidad e ingeniería hospitalaria. Personal civil de la Armada Argentina desde 2006, con trayectoria en el Hospital Naval Buenos Aires, donde se desempeña como Jefa de División Técnica y Control desde 2011.
Desde 2023 integra el Comando Conjunto Antártico como arquitecta, participando en proyectos de infraestructura en la Base Antártica Marambio durante las campañas antárticas 2024-2025 y 2025-2026 y en el Proyecto de Modernización de la Base Petrel.
gbkapko@gmail.com

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