“Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos”.
.— Antoine de Saint-Exupéry, El Principito
La frase que Antoine de Saint-Exupéry pone en boca del Zorro, como un regalo de despedida al Principito, se hizo famosa porque reseña el núcleo emocional de la novela y nos invita a mirar más allá de las apariencias: las cosas realmente valiosas no son materiales ni se pueden tocar, sino que se sienten. En el libro, lo esencial se resume en el amor, el tiempo compartido, la amistad, la belleza interior; cosas que ninguna mirada superficial puede captar.
Cabe entonces preguntarnos qué es lo esencial en una institución de salud, y la respuesta más evidente es: la atención médica del paciente. Los sectores médicos son “los que se ven” porque agregan valor a esa atención, pero una mirada más profunda, al corazón de esa institución, nos muestra aquello que la tecnología le proporciona a la arquitectura y a la ingeniería hospitalaria y, a través de ellas, al paciente: “aquello que es invisible a los ojos”.
El Zorro también le dice al Principito: “Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”. Lo esencial no es la rosa en sí —que físicamente es igual a miles de otras—, sino el lazo y el cuidado que el Principito invirtió en ella.
En un proyecto hospitalario esto se traduce en el valor del tiempo invertido en el diseño, en el desarrollo del proyecto, en el conocimiento profesional acumulado. Todo lo volcado a ese proyecto: la especialidad en la selección de equipos, en el seguimiento de la obra, en la puesta en marcha, en el manual de organización, es decir, en todo aquello que inducirá a una operación y mantenimiento coherente durante su ciclo de vida. Y, finalmente, eso es lo que distingue a esa institución de cualquier otra. Es lo que la hace única. Es lo que no se ve, pero define todo lo demás.
Al concebir un hospital no puede pensarse sólo en términos de su inauguración. Debe proyectarse como un organismo vivo que perdura, evoluciona y responde a las necesidades de generaciones sucesivas. Esa longevidad exige un compromiso con la sustentabilidad en sus tres dimensiones: la tecnológica, la económica y la social; tres planos que solo tienen sentido juntos, porque ninguno alcanza por sí solo para sostener lo esencial.
Sustentabilidad tecnológica no significa incorporar tecnología por su novedad, sino integrar soluciones que optimicen el desempeño del edificio a lo largo del tiempo. Sistemas de gestión energética inteligente, infraestructura de datos que permita la evolución digital sin demoler lo construido, estándares abiertos que eviten la obsolescencia prematura. La tecnología sustentable es aquella que no se nota porque funciona. La misma lógica que Saint-Exupéry aplicó a lo esencial: invisible cuando cumple su propósito.
La sustentabilidad económica interpela al proyecto desde sus primeras decisiones. El costo de construcción es apenas la punta visible de un iceberg cuya masa real es el costo operativo durante décadas. Las decisiones de diseño, la calidad de los materiales, la eficiencia de las instalaciones y la facilidad de mantenimiento tienen un peso económico que solo se revela en el tiempo. Invertir en calidad de proyecto es, en rigor, ahorrar en operación: cada peso bien gastado en diseño evita diez en correcciones futuras. El tiempo que se invierte en esa rosa también tiene su lógica económica.
La sustentabilidad social es quizás la más invisible y la más esencial. Un hospital no solo atiende enfermedades: contiene miedo, alivia angustia, sostiene esperanza. El espacio arquitectónico que permite la intimidad del paciente, el corredor que no fatiga al profesional de la salud, la sala de espera que no agobia a la familia. Pero también el hospital que funciona cuando el entorno colapsa: esas decisiones de diseño tienen un impacto que ningún indicador captura, pero que todos sienten. Un hospital sustentable desde lo social es aquel que cuida a quienes cuidan.
La concepción del proyecto hospitalario marca el inicio de un ciclo de vida que se extiende mucho más allá de la obra terminada. En cada etapa, la tecnología cumple su función más profunda: hacer visible lo que de otro modo permanecería oculto, y permitir que las decisiones se tomen con información y no con intuición.
Durante la planificación y el diseño también se requiere de herramientas, son esas herramientas que hoy la tecnología pone a disposición de los profesionales: el modelado BIM que permite anticipar conflictos entre disciplinas, simular los flujos de pacientes y detectar incongruencias antes de que cuesten dinero. También el gemelo digital del hospital que nace: una réplica virtual, dinámica e inteligente de la construcción física, una representación viva que acompañará al edificio durante toda su vida útil.
Durante la construcción y el comisionado, la tecnología garantiza que lo diseñado se construya con fidelidad y que los sistemas funcionen como fueron concebidos: es el momento en que la institución comienza a respirar.
Y durante la operación, la gestión del ciclo de vida se convierte en la disciplina central. Los sistemas CAFM¹, el mantenimiento predictivo basado en datos, la gestión de activos y los indicadores de desempeño permiten que la institución no solo funcione, sino que mejore con el tiempo. La tecnología en esta etapa es el latido silencioso que sostiene la calidad de la atención.
En cada una de estas etapas, la tecnología no actúa sola: trabaja al servicio de un propósito que la trasciende: el paciente. Y ese propósito, como señaló el Zorro, no se ve con los ojos.
El Zorro le revela al Principito algo más: “No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo”.
Domesticar, para el Zorro, es crear lazos. En el contexto del proyecto hospitalario, domesticar es el acto de organizar una institución para que pueda ser gestionada con coherencia, con memoria y con propósito. Es integrar las disciplinas —médicos, arquitectos, ingenieros, administradores— en torno a un conocimiento compartido del edificio y de su funcionamiento. Es construir la cotidianeidad —365 x 24— con manuales y protocolos, con sistemas de información, con capacitación y con planes de mantenimiento que harán que ese hospital sea único: no una obra anónima entre miles, sino una institución viva con historia e identidad.
Domesticar es también un acto de humildad: reconocer que un hospital no termina cuando se inaugura, sino que comienza. Que el verdadero valor de la inversión se realiza en esa operación diaria, en la atención de cada paciente, en cada turno de cada profesional que no tiene que lidiar con una instalación que falla porque alguien, años antes, se tomó el tiempo de hacer las cosas bien.
Y si falla la cotidianeidad hay una contingencia prevista. Un hospital bien organizado es aquel donde quien llega para gestionar encuentra un orden comprensible, donde los equipos tienen historia documentada, donde los sistemas hablan entre sí y la información acumulada guía las decisiones futuras.
“Te haces responsable para siempre de lo que has domesticado.”
— El Zorro al Principito
Esta es, en definitiva, la ética del proyecto hospitalario. Quienes conciben, diseñan, construyen y ponen en marcha un hospital asumen una responsabilidad que no se extingue con la entrega de llaves. Han “domesticado” esa institución: han invertido tiempo, conocimiento y cuidado en hacer de ella algo único.
Y esa unicidad no es un logro, es una obligación. La obligación de sostenerla, mejorarla y preservar para siempre el propósito que la hizo nacer, promoviendo una gestión realmente sustentable que extienda su ciclo de vida.
La tecnología al servicio de lo esencial es exactamente eso: no una promesa de innovación ni una exhibición de medios, sino el ejercicio responsable de todas las herramientas disponibles para que un hospital cumpla, hoy y siempre, su única razón de ser: cuidar a las personas.
Nota
¹ Computer-Aided Facility Management o Gestión de Infraestructuras Asistida por Ordenador
Armando Negrotti
Ingeniero industrial, presidente AADAIH 2024 – 2026 y 2018 – 2020 // vicepresidente 2020 – 2024 y 2016 – 2018 // Miembro de CD desde 2004 // Presidente del Comité Argentino de Mantenimiento (CAM) 2003 – 2018 // Presidente Federación Iberoamericana de Mantenimiento (FIM) 2007 – 2009 // Secretario FIM 2009 – 2024 // Founding Member Global Forum Maintenance & Asset Management (2010)
Socio de LilacSpace – Consultora internacional, con actividad en Proyectos Hospitalarios y de Asociación Público-Privada en Argentina, México, Chile, Colombia y Perú
Consultor en Facility Management en instituciones de salud públicas y privadas y empresas industriales // Gerente de Operaciones y Mantenimiento en instituciones de salud privada en Argentina // Gerente de Operaciones en Empresas de Facility Management
Director coordinador Diplomaturas AADAIH – Universidad del Gran Rosario (UGR) – Período 2020 – actual
Director Diplomaturas en Ingeniería Hospitalaria 1 y 2 – AADAIH – UGR – Período 2016 – actual // Director Diplomatura en Mantenimiento Hospitalario – COPIME – Período 2010 – actual // Director Diplomatura Facility Management – Universidad Austral – 2009 – 2012 // Docente invitado en Seminarios y Posgrados en Argentina, México, Colombia y Perú.
Disertante invitado en Congresos de su especialidad en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, España, México, Perú, Portugal y Uruguay.
LinkedIn https://www.linkedin.com/in/


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