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Diseño versus Habitabilidad: un caso de disonancia espacial

Arq. Edgar Hernández Constantino y Dra. Gladys Elizabeth Ferreiro Giardina

El habitar inherente a la condición existencial del ser humano, es un proceso cultural complejo, holístico e historizado, acotado temporal y espacialmente mediante el cual transformamos nuestro entorno vivencial que implica, diseñar-designar (Martín, 2014) el habitáculo del espacio social que, al ser pensado, proyectado, intervenido, adaptado, construido y modificado por el hombre, se convierte en eso que llamamos arquitectura; ésta, refleja y al mismo tiempo proyecta, como un holograma, objetivo/subjetivo, en dialogía recursiva, las condiciones económicas, sociales, políticas y por tanto culturales, en un recorte  diacrónico y sincrónico, adscribiendo sentido al hecho arquitectónico, que debe en sí, al ser creación humana, contener condición de habitabilidad entendida desde la existencialidad como lo pensaba Heidegger (1951) al señalar que el Hombre es tal, porque habita, por ello construye custodiando la “cuaternidad” de las cosas: los mortales en comunidad, sobre la Tierra, bajo el cielo en espera de los divinos…

Desde un enfoque complejo, proponemos reflexionar el fenómeno arquitectónico desde la habitabilidad holística (Ferreiro G., G.E.; Kañetas O., J.T.; Hernández C., E. 2023); es decir,  cuando Heidegger (1951) piensa el construir, no sólo se está refiriendo a levantar una pared o sostener un techo, sino también a erigir desde, con y para la subjetividad, que no confiere únicamente la reproducción de la vida material, sino atiende a la permanente resemantización del (los) sentido(s), que está(n) depositado(s) en el espacio mediado o en el objeto construido y que, a su vez, reconfigura desde lo fenomenológico, a los actores y las identidades colectivas.

Así, el diseño arquitectónico como espacio concebido (Lefevbre, 2013) debería partir de la integralidad humana para que el espacio objetivo, percibido que trasmuta en espacio social al ser vivido, permita la interacción comunicativa, el empalabramiento, (Duch, 2002), la reproducción desde lo comunitario; la inmersión en la naturaleza, ésta no como adorno, sino integrada desde la ética ecocéntrica y nuestra indispensable relación con lo numinoso o sagrado inserto en el dispositivo simbólico. Lo anterior, esencia de la habitabilidad holística, permite la realización de lo humano, que desde la esencia libertaria despliega la continuidad del Hombre con el entorno, así social, natural, cósmico.

La aproximación a la noción de habitabilidad holística, es uno de los posibles caminos para la recuperación de la arquitectónica, que de acuerdo con Kosik (2012), ha perdido la arquitectura moderna, a favor de la cosificación de la vida humana, vía la instrumentalidad tecnológica de la producción capitalista; la enajenación del trabajo mediante la precariedad y la alienación de la subjetividad subsumida al consumo efímero, eje de la acumulación en las múltiples formas que adquiere el despojo, por siglos presente en nuestros territorios, culturas y experiencias espaciales.

Idealmente, la arquitectura podría entenderse como la búsqueda de la habitabilidad. Con ello habría que considerar la relación entre el objeto arquitectónico y sus distintos contextos; lo humano integral debería ser centro de esta interacción desde la cual, ante la diversidad cultural existen muchos niveles de aproximación a la arquitectura; lo anterior implica más allá de la funcionalidad del diseño, trascender los aspectos meramente técnico-utilitarios para dar cabida a otros significados y, tratar de lograr una apropiación en un sentido existencial, pues para garantizar el desarrollo de la vida material y la continuidad, necesitamos el soporte cultural: las estructuras de acogida (Duch, 2002); es decir, la familia/comunidad, las instituciones, el territorio, lo sagrado; cuando aquellas pierden cohesión social para el bienestar común, dejan de contener al sujeto; entonces éste transita en una atmósfera de vulnerabilidad que lo ubica en eso que llamamos enfermedad.

Ahora, el sujeto en dicha condición es separado de su entorno cotidiano y alojado en un espacio de sanación: el hospital, espacio liminal (Turner, 1988) que idealmente se constituye como una institución de acogida, por tanto, nodo de habitabilidad; ahí entonces, la arquitectura para la salud que implica una complejidad funcional multigénero, que atiende procesos críticos y ampliamente normados, y tiene dependencia de la ingeniería y el equipamiento médico, como se ha argumentado, compromete una trascendencia que implica la subjetividad de la vida humana desde que nace, enferma y muere.

Desde nuestra experiencia, la praxis de la arquitectura en nuestro país debe problematizar el diseño considerando la importancia de los factores técnico-económicos, los criterios de operación de la institución, y los aspectos de la percepción y la experiencia de quienes habitan los hospitales, a partir de su interacción más o menos azarosa con el espacio físico. Típicamente, los elementos que se consideran para desarrollar el diseño de este tipo de proyectos son tres: el lugar donde se ubica, el objetivo que representa y el género del edificio. Sin embargo, se pretende que el trabajo de los arquitectos en ese sentido, que muchas veces se dirige solo al diseño de esos espacios, (muchas veces desvinculados de los otros ordenes sistémicos), integre y fomente un estado de bienestar en el enfermo, ello implica una visión integral del ser humano y su relación dialógica con el ambiente que circunda el devenir de la existencia; el diseño debe ser conceptualizado desde las premisas de la habitabilidad holística desarrollada a través del lenguaje arquitectónico.

Sin embargo, el diseño de esos espacios muchas veces aparece disociado de la condición de habitabilidad que va más allá de la funcionalidad en cuanto a dimensiones, normatividad, aspectos estilísticos, colores, instalaciones, confort térmico y acústico; aquella, también tiene que ver con el entorno económico, político, social, medioambiental en el que se desenvuelve todo el proceso de la salud-enfermedad, incluyendo el avance en el conocimiento médico y la atmósfera cultural, que pasa a su vez por el tipo y nivel de relaciones intersubjetivas a las que el enfermo está expuesto en los espacios hospitalarios.

En un sentido autocrítico, es necesario afirmar que, aunque tradicionalmente se ha estudiado la sistematización del complejo económico-constructivo-plástico-espacial (en interacción con el mercado o lo político) de los objetos arquitectónicos por obvias razones instrumentales, no se ha cuestionado de manera rigurosa el comportamiento de las personas en interacción con los objetos urbano-arquitectónicos, por lo que es necesario estudiar, valorar y entender el diseño arquitectónico buscando fronteras más allá de la exploración simple de su uso y configuración, basados en la pericia y el tino del arquitecto (genio creador); esto implica la búsqueda constante de alternativas que traten de trascender las convicciones apropiadas, maduradas y viciadas en la recursividad de los parámetros tradicionalmente ejercidos.

Desde nuestro margen de acción, estamos tratando abonar en la ampliación del horizonte epistemológico de la arquitectura, en especial para la salud; esto consiste en la posibilidad de construir una visión científica más cercana a las ciencias sociales que a las ciencias duras o exactas para explicar los fenómenos urbano-arquitectónicos; donde un camino posible puede ser, regresar al espacio proyectado y después materializado. Aunque en México no es una práctica común, por el contrario, es fácil escuchar que la participación del arquitecto termina con las fotografías del edificio para su publicación en alguna revista de “vanidades de la arquitectura”. Sin embargo, la evaluación de un edificio en los momentos de interacción de los habitantes con el espacio es una oportunidad decisiva que pone en evidencia la eficiencia y la dimensión existencial de un diseño.

De esta manera, la evaluación post ocupacional es una alternativa a la crisis generada por la tradicional forma de hacer arquitectura (desde la tecnocrática proyección heredada del movimiento moderno); ya que el proyecto arquitectónico típicamente se ha enfocado en el diseño que sintetiza la pericia de uno o varios profesionales, formados en un ámbito universitario y con capacidad para anticiparse en el tiempo para prefigurar y planear, objetos con el recurso de los medios de comunicación gráfica convencionales (planos, maquetas, bocetos, ordenadores, etc.); que posteriormente serán construidos y después usados por personas.

Derivado de lo anterior, presentamos las conclusiones de un ejercicio de evaluación aplicado a un hospital público del sector salud con un diseño excéntrico que interpela la condición de habitabilidad. La percepción de los habitantes se obtuvo mediante un ejercicio a manera de taller de evaluación después de tres años de que el inmueble fue inaugurado y puesto en operación. Participaron diversos actores según la diversidad de roles de ocupación espacial, propiciando mediante entrevistas abiertas, esquemas y dibujos que los participantes reconocieran y destacaran cualitativamente, los aciertos y errores del espacio, por tanto, de su diseño.

El estudio de caso se aplicó al Hospital de Alta Especialidad de Zumpango, en el Estado de México, mismo que fue diseñado en Arquinteg S.A. de C.V. entre los años 2010 y 2011; la firma planteó que fue un proyecto concebido desde una serie de análisis de áreas con base al dimensionamiento de sus espacios, la operatividad y funcionalidad en las relaciones con los servicios y usuarios, tanto en zonas técnicas como públicas; además, se atendió el diseño de elementos en la configuración espacial para la creación de atmosferas diversas, mezclando la luz y el color; así como una lógica contextual y de accesibilidad, que  hace énfasis en el carácter simbólico del discurso de la obra, mediante alusiones en sus fachadas a representaciones simbólicas que remiten a patrones diversos (Imagen 1). La evaluación participativa post ocupacional, generó los siguientes resultados:

Imagen 1. Vista exterior de las fachadas. Foto EHC & GEFG, 2018
Imagen 1. Vista exterior de las fachadas. Foto EHC & GEFG, 2018

a) Se constató que las circulaciones son claras, aunque reducidas; esto obliga a señalar que anteponer la necesidad de reducción de áreas y costos de obra, incide negativamente en la eficacia y eficiencia operativa, generando incomodidad y aglomeración en el uso del espacio.

b) El diseño no es claro para orientar espacialmente a los usuarios, la lectura del espacio tiene la necesidad de usar señalización. Asimismo, la una saturación de elementos repetidos en el diseño del espacio genera una monotonía visual confusa. Valdría la pena preguntarse si eso que entre los arquitectos se llama “armonía” o “ritmo”, es entendido por los habitadores, pues la vista de las fachadas con gran cantidad de vanos cuadrados con un acentuado saliente metálico hacia el exterior, que proporciona textura a los paramentos (Imagen 2),  provoca en algunas personas una sensación parecida a la tripofobia.

Imagen 2. Monotonía confusa en vanos con acentuado saliente. Foto Luis Gordoa- Arquinteg, 2012
Imagen 2. Monotonía confusa en vanos con acentuado saliente. Foto Luis Gordoa- Arquinteg, 2012

c) La propuesta del proyecto prioriza la accesibilidad vehicular hacia el vestíbulo principal provocando una falta de apropiación de los espacios exteriores, ya que la opinión generalizada los señala como inseguros y excluyendo al peatón (Imagen 3).

Imagen 3. Acceso principal, monumentalidad que excluye al peatón. Foto Luis Gordoa-Arquinteg, 2012
Imagen 3. Acceso principal, monumentalidad que excluye al peatón. Foto Luis Gordoa-Arquinteg, 2012

d) El 90% de los participantes, destacó la importancia del uso del color en los espacios, refiriendo sensaciones de alegría; pero también se señaló que las tonalidades fuertes seleccionadas mediante criterios simples de teoría del color o de manera intuitiva, no fue acertada. Hay una relación estrecha entre la configuración espacial y el uso del color; en este sentido, el color rojo tiene una doble lectura: en los espacios reducidos de las salas de espera (Imagen 4), provoca angustia y en la cubierta del vestíbulo, la escala juega un papel importante para su aceptación.

Imagen 4. Estrecha y angustiosa sala de espera. Foto Luis Gordoa-Arquinteg, 2012
Imagen 4. Estrecha y angustiosa sala de espera. Foto Luis Gordoa-Arquinteg, 2012

e) La percepción exterior del inmueble, en cuanto al diseño de las fachadas, pondera vanos en correspondencia con los puntos del sistema braille articulando fragmentos de poemas prehispánicos (Imagen 5).

Imagen 5. Intención plástica de las fachadas: diálogo posmoderno con la tradición. Dibujo de elaboración propia.
Imagen 5. Intención plástica de las fachadas: diálogo posmoderno con la tradición. Dibujo de elaboración propia.

Este esfuerzo histriónico posmoderno de recuperación simbólica de la cultura mesoamericana no resulta inteligible sino hasta que el habitador ingresa al vestíbulo principal, hiperventilado y encuentra unos paneles explicativos de la intención plástica de las fachadas. Ese encuentro se acentúa con la presencia de un gran mural, alusivo a la historia de la medicina. Este espacio, incómodo por las corrientes de aire con polvo, funciona como enlace de los cuerpos edificados que lo acotan, pero no ofrece contención al espectador, no invita a una pausada posibilidad contemplativa, carece de mobiliario para sentarse a observar, y además incluye un vacío abierto que abre paso a una escalera casi helicoidal que conecta con la planta baja, generando una sensación de inseguridad pues está delimitada desde la sección superior del vestíbulo, por barandales construidos con paneles de vidrio y aluminio, materiales que aluden ligereza y transparencia, pero denotan en los habitadores una sensación de riesgo latente (Imagen 6).

Imagen 6. Vestíbulo principal, hiperventilado, inseguro y sin contención del sujeto. Foto Luis Gordoa-Arquinteg, 2012
Imagen 6. Vestíbulo principal, hiperventilado, inseguro y sin contención del sujeto. Foto Luis Gordoa-Arquinteg, 2012

f) Como el hospital se encuentra en la periferia urbana del Municipio de Zumpango, en el Estado de México, está desplantado en un terreno que colinda con el espacio rural todavía con vocación agrícola, ello genera la presencia constante de polvo al interior (Imagen 7).

Imagen 7. Espacios para equipos eléctricos. La cancelería de barras horizontales está mal empleada para proteger el equipamiento del polvo y la lluvia; por lo que todos los vanos de este local han tenido que ser recubiertos artesanalmente con tela pellón engrapada en bastidores de madera. Foto EHC & GEFG, 2018
Imagen 7. Espacios para equipos eléctricos. La cancelería de barras horizontales está mal empleada para proteger el equipamiento del polvo y la lluvia; por lo que todos los vanos de este local han tenido que ser recubiertos artesanalmente con tela pellón engrapada en bastidores de madera. Foto EHC & GEFG, 2018

A su vez, esta situación evoca en el imaginario de los lugareños la imagen del barco “Titanic”, ello por la disposición geométrica del inmueble y sus múltiples ventanillas; que, a lo lejos desde el paisaje que lo circunda, evoca un gran barco solo en altamar (Imagen 8). Esta relación simbólica, resulta inquietante, pues el hospital, como muchos construidos en el periodo neoliberal, bajo el esquema de APP, tiene ante la creciente crisis societal, prefigurado el destino del “hundimiento”; pues los costos de operación y mantenimiento del mismo superan el índice de ganancia de la empresa que lo administra; asimismo, este paulatino proceso de privatización de los servicios de salud públicos, sobre todo cuando se trata de los correspondientes a la alta especialidad, están presentando costos inaccesibles para  mayoría de la población.

Imagen 8. El “Titanic” y su contexto desolador desde el imaginario local. Foto EHC & GEFG, 2018
Imagen 8. El “Titanic” y su contexto desolador desde el imaginario local. Foto EHC & GEFG, 2018

Muy probablemente esto no es suficiente para entender la complejidad del diseño en la arquitectura para la salud. Sin embargo, dejamos esta experiencia para contribuir y argumentar la necesidad de practicar más allá del discurso, una visión interdisciplinar tanto en la evaluación después de la ocupación, como en la concepción del diseño. Tarea difícil en una cultura arquitectónica acostumbrada poco a la autocrítica y que paulatinamente se ha alejado de su base social, de su esencia, el ser humano.

Por tanto, consideramos que este es un caso de disonancia espacial pues el diseño majestuoso e incongruente no contempla el alberge de la habitabilidad holística, deja de lado la centralidad de la condición humana en proceso de sanación; se constató que la intención de diseño del hospital evaluado, está disociada de las expectativas de los distintos habitantes; ello significa que tomar decisiones de diseño con argumentos convencionales, reproduce la disonancia espacial como reduccionismo que deja fuera al más importante juez: es el que vive o sufre el espacio, el habitante.

 

Fuentes consultadas

Duch, L. (2002) Antropología de la vida cotidiana: simbolismo y salud. Trotta.

Ferreiro G., G.E.; Kañetas O., J.T.; Hernández C., E. (2023). La habitabilidad como condición de lo humano: hacia una recuperación crítica de su complejidad, pp. 265-282, en Rodríguez-Salazar; L.M. & Gallegos Navarrete; B.M. Complejidad en ciencias e ingeniería: estudios socioeconómicos, socioespaciales, biofísicos y en educación. Gedisa.

Geertz, C. (1978). La interpretación de las culturas. Gedisa.

Heidegger, M. [1951] (2015). Construir, habitar, pensar = Bauen Wohnen Denken. La Oficina Ediciones.

Kosik, K. (2012). Reflexiones antediluvianas. Ítaca.

Lefevre, H. (2013). La producción del espacio. Capitán Swing.

Martín Juez, F. (2002). Contribuciones para una antropología del diseño. Gedisa.

Montaner, J.M. (2013) Arquitectura y crítica. Gustavo Gili.

Morin, E. (2001). Introducción al pensamiento complejo. Gedisa.

Norberg-Schulz, C. (2001). Intenciones en arquitectura. Gustavo Gili.

Turner, V. (1988). El proceso ritual: estructura y antiestructura. Taurus.

 

 


Edgar Hernández Constantino es arquitecto, ESIA IPN, México; Posgrado en la FA UNAM, profesor de PUEA UNAM y miembro SMAES. Colaborador en diseño arquitectónico en Arquinteg S.A. de C.V. del 2001 al 2017. Socio fundador de Dasein Koop, firma de arquitectura que tiene como visión una praxis derivada de la investigación aplicada.

Gladys Elizabeth Ferreiro Giardina es doctora en Antropología Social, INAH ENAH, México. Profesora IPN, ESIA. Dirige y participa en proyectos de investigación de la Línea Cultura Urbana y Complejidad. Miembro de la Red de Expertos en Sistemas Complejos del IPN.

edhernandezc@ipn.mx

gferreiro@ipn.mx

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