Intervenir el corazón de un sanatorio no es tarea fácil, y menos aún cuando se trata del único efector privado de alta complejidad de la ciudad de Rafaela, provincia de Santa Fe.
El pedido de la Dirección Médica era claro: renovar el 100% de la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) en un plazo de sesenta días corridos, sin interrumpir el servicio ni un solo día. Ese fue el primer gran desafío.
Sin embargo, el principal condicionante no era el tiempo, sino la ubicación estratégica del sector: la terapia intensiva se encontraba en el centro del bloque quirúrgico, con un único acceso ubicado sobre el mismo pasillo por el que circulaban los pacientes hacia cirugía, a través de la guillotina, tal como se observa en la Imagen.
A diferencia de otras tipologías edilicias, la infraestructura hospitalaria presenta una condición importante: el edificio debe continuar funcionando mientras se transforma. En áreas críticas como una Unidad de Terapia Intensiva, cualquier intervención sobre instalaciones, circulaciones o servicios impacta directamente sobre la seguridad del paciente y la capacidad operativa de la institución.
Esto implicaba que cada decisión de obra debía evaluarse no solamente desde lo constructivo, sino también desde sus consecuencias para el sanatorio. Cortes eléctricos, interrupciones de gases medicinales, modificaciones de circulación, etc. podían afectar sectores altamente sensibles, donde conviven pacientes críticos, equipamiento de soporte vital y procedimientos de emergencia permanentes.
La complejidad del proyecto no radicaba únicamente en remodelar un espacio físico, sino en lograr que el hospital continuara funcionando con normalidad mientras su núcleo operativo estaba siendo intervenido. La obra debía convivir diariamente con la dinámica médica, los tiempos quirúrgicos, las urgencias y la incertidumbre propia de un entorno sanitario de alta complejidad.
En la implantación (Imagen N°1) puede verse cómo la UTI se encontraba rodeada por las áreas de mayor complejidad del sanatorio —quirófanos, sala de hemodinamia y áreas de apoyo—, quedando completamente condicionada por la estructura existente. Esto impedía generar expansiones o modificaciones estructurales significativas, obligando a trabajar sobre una infraestructura rígida y plenamente operativa.
Para abordar la intervención se diseñó un plan integral de reestructuración del funcionamiento diario del sanatorio. Fue necesario trasladar temporalmente la UTI a los sectores donde funcionaban la Unidad Coronaria (UCO) y la Unidad de Cirugía Mayor Ambulatoria (UCMA), generando así la continuidad de atención de pacientes críticos durante el período de obra. Naturalmente, esto implicó una reducción transitoria de camas, motivo por el cual algunas cirugías debieron derivarse, situación que fue coordinada por el equipo médico.
Uno de los aspectos más delicados de la intervención fue el control de interferencias entre la obra y el funcionamiento hospitalario. La cercanía con quirófanos, áreas críticas y sectores de circulación permanente obligó a implementar protocolos específicos.
Desde el punto de vista operativo, resultaba imprescindible independizar el acceso a la obra. Para ello se bloqueó la entrada principal compartida y se redefinió completamente la circulación dentro del bloque quirúrgico. Este sector contaba con tres accesos: ingreso de pacientes en camilla mediante guillotina —que debía anularse—, acceso del personal médico, y salida de residuos hacia el pasillo sucio, utilizado como respaldo de los quirófanos.
A partir de esta configuración se rediseñó el circuito interno, sectorizando tanto el pasillo principal de circulación —ubicado al sur en la Imagen N° 1— como el pasillo sucio de quirófanos, permitiendo que circularan simultáneamente camillas, personal médico y de obra sin interferencias entre sí.
Para minimizar riesgos de contaminación cruzada, se trabajó con cierres físicos sectorizados, barreras de aislación y secuencias de trabajo programadas según el funcionamiento médico diario. Las tareas de mayor impacto —demoliciones, cortes de instalaciones o movimientos de materiales— se coordinaron en franjas horarias previamente definidas junto al personal del sanatorio.
Además del control de polvo y ruido, se prestó especial atención a las circulaciones limpias y sucias, evitando cruces entre personal de obra, pacientes y equipos médicos. La logística interna se convirtió así en un componente central del proyecto, donde cada desplazamiento debía analizarse en función de la seguridad hospitalaria y la continuidad operativa. Recién entonces fue posible iniciar la obra.
La remodelación tenía como objetivo actualizar un servicio con más de treinta años de antigüedad, incorporando mejoras tanto para el personal médico como para la experiencia del paciente.
Los requerimientos del equipo médico apuntaban principalmente a optimizar el uso del espacio y mejorar los circuitos internos, especialmente en las áreas de apoyo. Dado que no podían realizarse modificaciones estructurales, todas las intervenciones debían resolverse trabajando sobre la configuración existente.
Para lograrlo, se intervino el box sucio: se demolieron las paredes que lo vinculaban con la sala y también la división interna entre office sucio y lavachatas, relocalizando este último. Como puede observarse en las Imágenes, esto permitió generar un espacio más amplio, funcional y eficiente para el trabajo diario.


Asimismo, se incorporó un esquema de doble mesada en el box limpio, favoreciendo una mejor convivencia entre los distintos profesionales.

En cuanto a los pacientes, una de las observaciones más frecuentes era la falta de privacidad entre camas, especialmente en aquellos pacientes conscientes que podían percibir lo que sucedía a su alrededor. Sin embargo, para el equipo médico, la posibilidad de generar boxes cerrados implicaba una transformación radical de la dinámica, tanto por la reducción de camas como por el temor a perder velocidad de respuesta frente a situaciones críticas.
Como solución, se adoptó un esquema híbrido: se incorporaron paneles divisorios fijos entre camas, manteniendo los frentes abiertos. De esta manera, se logró aumentar la privacidad y el confort del paciente sin modificar la dinámica de trabajo ni afectar los tiempos de respuesta del personal, como se puede observar en las Imágenes.


Además, se conservaron dos boxes cerrados, reemplazando sus antiguos frentes de mampostería por cerramientos vidriados, generando mayor amplitud visual y control sobre el espacio, como se aprecia en la Imagen.

La intervención incorporó además sistemas de domótica aplicados al control de iluminación, permitiendo regular intensidades y tonalidades según el momento del día, con el objetivo de simular ciclos naturales y favorecer la recuperación del paciente, tal como se observa en las Imágenes. También se sumaron nuevos equipos de monitoreo y un sistema centralizado de control.



La incorporación de soluciones para mejorar la privacidad, la reorganización de puestos de trabajo y actualización tecnológica generó inicialmente mucha incertidumbre por parte del equipo de UTI, vinculada principalmente al temor de alterar tiempos de respuesta o dificultar el monitoreo permanente de los pacientes.
Por este motivo, gran parte del proceso se desarrolló mediante reuniones de validación y trabajo conjunto con todo el equipo involucrado. Las decisiones espaciales no fueron tomadas únicamente desde lo proyectual, sino también desde la experiencia diaria del personal que operaría posteriormente el servicio. Esto permitió alcanzar soluciones intermedias capaces de incorporar mejoras sin romper completamente con las dinámicas asistenciales existentes.
Paralelamente, la obra contempló la renovación integral de todas las instalaciones: recambio completo de pisos y revestimientos, renovación de cañerías de agua y desagües cloacales, reconstrucción total de la red eléctrica interna incorporando sistemas TT e IT con monitores de aislación, actualización de gases medicinales y panelería, y renovación integral de mobiliario y equipamiento.
Estas tareas implicaron cortes parciales y totales de servicios críticos, por lo que la coordinación entre el equipo de obra y el personal hospitalario resultó fundamental para garantizar la existencia permanente de sistemas de respaldo y continuidad operativa.
En este contexto, la tecnología se convirtió en una herramienta central de gestión. Se implementó un sistema de seguimiento en tiempo real mediante aplicaciones digitales, donde cada intervención que implicaba la interrupción parcial de un servicio era comunicada previamente.
Esto permitió que el equipo médico anticipara las áreas afectadas y que el equipo técnico definiera las ventanas de trabajo más adecuadas. Una vez finalizadas las tareas, la restitución de cada servicio era informada inmediatamente, asegurando que todos los sectores permanecieran coordinados y operativos.
Previamente a la finalización de la obra, se intervino también el pasillo de acceso a la UTI, donde se demolió una de las paredes intermedias para agilizar los ingresos y se reemplazaron las antiguas aberturas por puertas automáticas con control de acceso, tal como se observa en las Imágenes.


La intervención demostró que la arquitectura hospitalaria ya no puede pensarse únicamente desde la infraestructura física, sino como un sistema dinámico donde espacio, trabajo médico y tecnología funcionan de manera integrada.
En contextos críticos como una terapia intensiva en funcionamiento, la tecnología dejó de ser un complemento para convertirse en una herramienta estratégica de coordinación, monitoreo y toma de decisiones en tiempo real.
La incorporación de sistemas digitales de gestión, monitoreo centralizado, automatización y control permitió compatibilizar una obra de alta complejidad con la continuidad total de la operación sanitaria, minimizando riesgos y optimizando recursos.
Al mismo tiempo, vimos cómo la innovación tecnológica puede contribuir también a la humanización de los espacios de salud, mejorando no solo la parte física sino también la experiencia del paciente sin afectar la eficiencia médica.
Daniel Basano
Ingeniero en construcciones con más de 45 años de trayectoria profesional en desarrollo, dirección y ejecución de obras civiles, infraestructura y proyectos urbanos de diversa escala y complejidad. A lo largo de su carrera ha liderado proyectos vinculados a urbanizaciones, infraestructura sanitaria y desarrollos edilicios, aportando experiencia, criterio y capacidad de gestión en cada etapa de obra.
María Virginia Basano
Ingeniera civil y referente de Beurba SA, con experiencia en dirección, planificación y ejecución de obras de infraestructura, urbanización y proyectos sanitarios de alta complejidad.
virgibasano@gmail.com



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