El diseño de centros sanitarios presenta desafíos particulares dados por complejos requisitos de diseño y las fluctuaciones del entorno sanitario. Estos establecimientos deben adaptarse permanentemente a la integración de nuevos procedimientos y tecnologías médicas, a la actualización de las normativas vigentes y a las variaciones en la demanda de servicios de salud1,2,3.
En la planificación sanitaria contemporánea, la arquitectura hospitalaria modular se ha consolidado como una respuesta estratégica frente a escenarios de demanda imprevista4. Durante la pandemia de COVID-19, estas estructuras demostraron una notable eficiencia logística, destacándose especialmente por la rapidez en su montaje e instalación5.
Sin embargo, la sostenibilidad de estos sistemas a mediano y largo plazo depende fundamentalmente de la capacidad del diseño original para absorber las variaciones de la demanda asistencial en el territorio, y la consecuente incorporación de tecnologías médicas.
El presente trabajo analiza los resultados del proyecto de fortalecimiento sanitario ejecutado en Argentina entre 2020 y 2023, en el marco del cual la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS), por encargo del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, planificó, construyó y equipó 85 centros modulares de salud en todo el territorio nacional bajo un modelo de gestión integral.
Al momento del relevamiento, el 94% de los centros se encontraban equipados y operativos. La distribución geográfica del proyecto se alinea con las regiones de mayor densidad poblacional, concentrando las provincias de Buenos Aires y Córdoba el 45% de los centros ejecutados. Los datos y casos analizados provienen de ese proyecto y de las evaluaciones post-ocupación realizadas en una muestra representativa de los centros6.
Impacto del análisis paramétrico de inversión
Con el fin de evaluar esta capacidad de adaptación desde una perspectiva económica y funcional, resulta pertinente analizar la inversión por metro cuadrado (USD/m2)7. Este indicador paramétrico cuantifica la relación de valor entre la estructura física y los activos biomédicos, proporcionando datos objetivos que fundamentan la necesidad de incorporar criterios de adaptabilidad espacial en el proyecto arquitectónico para asegurar la amortización y el rendimiento de la infraestructura a lo largo de su ciclo de vida8.
Los datos consolidados del proyecto demuestran que los dispositivos médicos constituyeron el componente principal de la inversión en equipamiento en todos los centros, independientemente de su escala o tipología, representando el 78,9% de la inversión en bienes directamente vinculados a la práctica clínica6.

Si bien los dispositivos de cuidado básico representan el 77,4% de los bienes adquiridos, su peso sobre el presupuesto total de equipamiento se limita al 24,6%. La relación se invierte en los sectores de mayor complejidad: los equipos de cuidados críticos y de diagnóstico por imágenes, que constituyen apenas el 20,8% de las unidades, concentran en conjunto el 66,6% de la inversión en dispositivos médicos6.
Esta disparidad entre cantidad de equipos y la inversión asignada trasciende el ámbito puramente financiero. Los sectores de mayor complejidad tecnológica, como cuidados críticos y diagnóstico por imágenes, imponen las mayores restricciones al diseño arquitectónico: requieren superficies específicas, instalaciones dedicadas y condiciones ambientales controladas. Son, en consecuencia, los espacios con menor margen de reconversión a lo largo del ciclo de vida del edificio9.

Esta concentración presupuestaria no debe interpretarse como una jerarquía en la planificación arquitectónica. Aunque los sectores de alta complejidad absorben el grueso de la inversión, ello no disminuye la importancia de diseñar adecuadamente los espacios restantes; por el contrario, les exige cumplir un rol dinámico que el programa médico original no siempre logra anticipar10,11.
Los espacios destinados a cuidados generales, dada su menor carga de instalaciones fijas, representan las áreas con mayor potencial de reconversión ante cambios en las necesidades sanitarias territoriales. Resulta paradójico que, precisamente, los sectores con menor inversión tecnológica sean los que poseen mayor valor estratégico para la sostenibilidad del edificio a largo plazo12,13.
La flexibilidad de los sectores asistenciales de baja complejidad
Si bien las áreas de alta complejidad tecnológica exigen rigidez en sus interfaces técnicas y requerimientos ambientales, las evaluaciones posocupación revelan que, luego de la pandemia, las variaciones más dinámicas en el ciclo de vida de los edificios se producen en los sectores de menor complejidad y cuidados generales.
Los relevamientos técnicos y el monitoreo en terreno evidencian que la capacidad de adaptación de la arquitectura se pone a prueba al enfrentar el desajuste entre el programa médico inicial, diseñado para la emergencia, y los perfiles epidemiológicos reales de las comunidades locales en el mediano plazo.
Esta necesidad de flexibilidad funcional se hace evidente al analizar los sistemas modulares implementados en los servicios penitenciarios y asistenciales periféricos. En estructuras proyectadas con un elevado número de locales de internación general, como el Centro de Aislamiento Sanitario (CAS) de Jóvenes Adultos en Marcos Paz, Buenos Aires, que cuenta con 12 habitaciones, los registros de uso durante el período pospandemia vieron un desplazamiento hacia una demanda predominantemente ambulatoria, condicionada por un perfil de usuarios joven y saludable.
Ante la baja tasa de ocupación de camas de internación, la versatilidad de la modulación constructiva permitió reservar áreas de internación y readecuar el espacio restante para funciones de soporte logístico de insumos médicos y resguardo de activos, adaptando el edificio a la dinámica operativa local sin alterar sus componentes estructurales ni comprometer la reversibilidad del servicio clínico.

Asimismo, las transformaciones observadas en el CMS Maldonado – Hospital de Pronta Atención San Jorge, en la provincia de Córdoba, refuerzan la importancia de proyectar superficies adaptables.
El diseño original contemplaba un sector de tres habitaciones de internación dobles y un shock room de tres puestos. Dado que el centro se ubica a 14 km del Hospital Municipal de Urgencias y ante la inexistencia de otros centros de salud públicos en la zona, la demanda pospandemia puso de manifiesto la necesidad de disponer de puestos de internación de cuidados intermedios para la observación y el tratamiento de pacientes cuyas condiciones podían resolverse localmente.
El sector de internación y el shock room originales fueron reconvertidos, dando lugar a cinco puestos de cuidados intermedios, una habitación de internación doble y un shock room de un puesto. Esta adaptación resultó viable debido a que los espacios de internación general, al no concentrar instalaciones fijas de alta complejidad, permitieron una redistribución funcional sin comprometer la estructura edilicia ni los sistemas de soporte del centro.



Estas evidencias confirman que la adaptabilidad arquitectónica debe ser un atributo transversal en el diseño hospitalario modular. Al presentar menores restricciones técnicas derivadas de instalaciones fijas, los sectores de cuidados básicos y servicios generales se posicionan como las zonas con mayor potencial para absorber reconfiguraciones espaciales.
Esta versatilidad no solo extiende la vida útil del edificio, sino que también facilita la integración permanente de las unidades de emergencia en las redes de salud pública. No obstante, la adaptabilidad espacial es sólo una de las dimensiones que definen la sostenibilidad de los sistemas modulares: las evaluaciones posocupación demuestran que la operatividad sostenida del equipamiento biomédico depende en última instancia de la convergencia entre el espacio físico, la infraestructura de soporte y la gestión integral del ciclo de vida de los activos.
Caso de éxito: integración en red del Centro Modular de Salud N° 9 de Almirante Brown

Inaugurado en mayo de 2020 en Longchamps, partido de Almirante Brown, Provincia de Buenos Aires, el Centro Modular de Salud N° 9 representa el ejemplo más acabado de transición desde una unidad de respuesta de emergencia hacia un nodo permanente de la red sanitaria pública.
Concebido originalmente como respuesta a la pandemia de SARS-CoV-2, opera actualmente en plena integración con el Hospital Zonal General de Agudos Dr. Lucio Meléndez, la contigua Unidad de Pronta Atención N° 5 y el Hospital del Bicentenario, recibiendo derivaciones de los tres efectores y descomprimiendo su demanda de internaciones críticas e intermedias.
Con una capacidad de 52 camas y un programa que integra diagnóstico por imágenes, kinesiología y esterilización, el CMS N° 9 fue concebido desde el origen con una infraestructura que superaba los requerimientos mínimos de una unidad de emergencia.
Las redes de gases medicinales, la capacidad eléctrica y los sistemas de climatización se proyectaron para sostener servicios de alta complejidad de manera continua. Esta decisión estratégica de diseño permitió que, una vez superada la pandemia, el centro asumiera un rol asistencial permanente dentro de la red sanitaria regional sin requerir intervenciones estructurales adicionales.


El impacto asistencial es cuantificable: durante el segundo trimestre de 2024 el centro registró 695 ingresos, distribuidos entre 197 internaciones en cuidados intensivos y 498 en cuidados intermedios, lo que arroja una proyección anual de aproximadamente 2800 pacientes.
Un factor determinante en este éxito es la gestión sostenida del ciclo de vida del equipamiento. El centro dispone de personal especializado en patrimonio, un registro sistemático de bienes con historial de reparaciones y un programa integral de mantenimiento preventivo y correctivo para los equipos críticos, lo que permite un seguimiento exhaustivo de cada intervención.
A cinco años de su inauguración, el 93% de los equipos médicos adquiridos se mantiene operativo y en óptimas condiciones. La gestión del CMS N° 9, tanto médica como patrimonial, demuestra que la sostenibilidad de la arquitectura modular trasciende el diseño edilicio: exige la construcción institucional de capacidades que permitan garantizar la operatividad de la inversión tecnológica a largo plazo.
Esta dimensión, frecuentemente subestimada en la etapa de proyecto, resulta determinante, considerando que la mayor parte de los costos asociados a una unidad sanitaria se acumulan durante su fase de operación y no en su construcción10.
Conclusiones
El análisis del proyecto de fortalecimiento sanitario en Argentina permite concluir que la sostenibilidad de la arquitectura hospitalaria modular reside en la capacidad del diseño para anticipar dos variables clave: la evolución de la demanda asistencial en el territorio y las exigencias crecientes de la tecnología médica que el edificio debe albergar.
Estas dimensiones son interdependientes: la imposibilidad de reconvertir un espacio ante cambios epidemiológicos deriva en subutilización, mientras que una infraestructura subdimensionada ante la complejidad tecnológica obstaculiza la integración permanente del centro en la red sanitaria.
La experiencia analizada evidencia que la flexibilidad arquitectónica no se limita a los espacios de alta complejidad. Por el contrario, son los sectores de menor densidad tecnológica, aquellos con una menor carga de instalaciones fijas, los que ofrecen mayor margen de reconversión a lo largo del ciclo de vida del edificio.
Tanto el CAS de Jóvenes Adultos en Marcos Paz como el CMS Maldonado – HPA San Jorge ilustran este principio: fueron precisamente los espacios con menores restricciones técnicas los que absorbieron las reconfiguraciones que la demanda real impuso sobre el programa médico original. En este contexto, proyectar con criterios de adaptabilidad se vuelve una condición indispensable para maximizar la vida útil de la inversión realizada.
El caso del CMS N° 9 de Almirante Brown sintetiza estos principios desde una perspectiva complementaria. Más que un ejemplo de reconversión, ilustra cómo un dimensionamiento infraestructural adecuado desde el origen permite transformar una unidad de emergencia en un nodo permanente y eficaz de la red sanitaria pública. Así, la arquitectura modular, entendida como una solución estratégica en lugar de meramente transitoria, encuentra en este proyecto su validación más sólida.
Más allá de las dimensiones técnicas y económicas, los casos analizados permiten una reflexión adicional: un edificio que puede reconvertirse ante cambios en las necesidades asistenciales es también un edificio que responde a las necesidades reales de la comunidad que lo habita, y no exclusivamente a las proyectadas en el momento de su diseño.
Esta capacidad de adaptación permite que la infraestructura sanitaria acompañe la evolución de los perfiles epidemiológicos y sociales del territorio, acercando el servicio a quienes efectivamente lo necesitan. En este sentido, incorporar criterios de gestión del ciclo de vida desde la etapa de prediseño, incluyendo la planificación del mantenimiento, la reconversión de espacios y la dotación de equipamiento, no es sólo una decisión de eficiencia económica, sino una condición para que la arquitectura modular cumpla su función esencial: sostener el cuidado de la salud a lo largo del tiempo.
Referencias
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Valerio Di Virgilio
Doctor en Ingeniería Biomédica e Investigador en la Universidad de Roma Sapienza. Cuenta con 20 años de experiencia global coordinando la adquisición de tecnología médica e infraestructura sanitaria en más de 40 países, habiendo liderado en 2020 la task force de respuesta al COVID-19 para América Latina y el Caribe en UNOPS.
Ignacio Lacasta
Ingeniero Civil con posgrados en gestión de proyectos y más de 20 años de trayectoria en infraestructura social, vial y hospitalaria en América Latina, el Caribe y España. Desde 2018 se desempeña como Jefe de Portafolio de UNOPS en Argentina, supervisando proyectos de infraestructura y adquisiciones públicas.
Pedro Garrigou
Magíster en Políticas Públicas y Licenciado en Relaciones Internacionales. Cuenta con más de 20 años de trayectoria internacional orientada al sector humanitario y del desarrollo en países de África, América Latina, Medio Oriente y Asia, desempeñándose desde el año 2017 como Gerente de Proyectos en UNOPS.
Patricia Mariana Crego
Ingeniera Biomédica, docente y coordinadora de Ingeniería Clínica en la Fundación Favaloro, con más de 18 años de experiencia en gestión de tecnologías sanitarias. Ha sido consultora para organismos como UNOPS, UNICEF y UNFPA, liderando evaluaciones de campo para asegurar la operatividad de los servicios hospitalarios.
Valerio Di Virgilio. valeriod@unops.org
Ignacio Lacasta Casal ignaciol@unops.org
Pedro Enrique Garrigou. pedrog@unops.org
Patricia M. Crego patriciac@unops.org

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