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Arquitectura invisible

Arq. Andrés Haugh / Coordinador Anuario AADAIH 2026

 

Coordinar este Anuario representa para mí un honor y una enorme responsabilidad. Agradezco profundamente a AADAIH por la confianza de convocarme a asumir este rol, que considero una instancia muy valiosa dentro de mi recorrido profesional, académico y humano en el campo de la arquitectura para la salud.

En el último Congreso de AADAIH, realizado en Mar del Plata, la exposición de cierre del Arq. Jorge Iglesis dejó una huella profunda. Más que una conclusión, fue una invitación a volver a pensar nuestra disciplina desde otro lugar: no solamente desde la técnica, la gestión o la resolución funcional de los edificios, sino desde aquello que verdaderamente les da sentido.

Cuando en estas líneas hablamos de arquitectura, no lo hacemos desde una mirada cerrada o excluyente, sino como una construcción colectiva e interdisciplinaria. En los espacios de salud convergen la arquitectura, las ingenierías, la tecnología, la gestión, el mantenimiento, el equipamiento médico y las múltiples especialidades vinculadas al cuidado. Todas ellas hacen posible que lo proyectado funcione, se sostenga en el tiempo y responda con calidad a la complejidad de la vida humana.

Desde esa resonancia nace también el espíritu de este Anuario y la elección de su lema: “La tecnología al servicio de lo esencial”.

No se trata de oponer tecnología y humanidad. Tampoco de mirar la innovación como una amenaza frente a los valores permanentes de la arquitectura. Por el contrario, el desafío de nuestro tiempo parece estar justamente allí: en comprender cómo cada avance técnico puede ayudarnos a cuidar mejor, proyectar mejor, construir mejor y sostener mejores espacios para la vida.

La arquitectura y la ingeniería para la salud conviven hoy con sistemas cada vez más complejos: equipamientos de alta precisión, infraestructuras críticas, digitalización de procesos, inteligencia artificial, automatización, nuevas exigencias ambientales y modelos de atención en permanente transformación. Pero esa complejidad solo adquiere sentido cuando logra traducirse en espacios más claros, más eficientes, más dignos, más seguros y más humanos.

Desde esta mirada, la tecnología no es una imagen de modernidad ni un argumento de prestigio. Es una herramienta. Y como toda herramienta, su valor depende del propósito al que sirve. En salud, ese propósito no admite dudas: acompañar la vida, mejorar la experiencia del paciente, facilitar el trabajo de los equipos, optimizar recursos y construir instituciones capaces de responder con calidad, sensibilidad y responsabilidad.

Este enfoque también nos obliga a sostener una convicción: la calidad arquitectónica no debería estar condicionada por la forma de gestión de una institución. No debería existir una arquitectura de mayor aspiración para el ámbito privado y una arquitectura resignada para lo público. La salud requiere, en todos los casos, espacios pensados con inteligencia, eficiencia, calidez y visión de futuro. Porque cada decisión proyectual impacta en personas concretas, en tiempos reales, en procesos críticos y en experiencias profundamente humanas.

Quiero agradecer especialmente al equipo que se puso al hombro esta ardua tarea, con compromiso, generosidad y entusiasmo. Y también a todos los autores que dedicaron tiempo a pensar, escribir, seleccionar imágenes y compartir experiencias con nuestra comunidad. Cada artículo expresa una mirada, una práctica, una búsqueda y una forma de aportar al crecimiento colectivo de la arquitectura y la ingeniería para la salud.

Este Anuario no pretende cerrar una discusión, sino abrirla. Reunir voces distintas, experiencias diversas y enfoques complementarios para pensar cómo queremos proyectar los espacios de salud que vienen. Porque tal vez ese sea hoy uno de nuestros mayores desafíos: lograr que la innovación no nos aleje de lo humano, sino que nos permita acercarnos más profundamente a aquello que justifica todo nuestro trabajo.

Que la tecnología esté al servicio de lo esencial significa, en definitiva, recordar que detrás de cada edificio, cada sistema, cada plano y cada decisión, hay siempre una vida que cuidar.

 

 

 

 

 


Andrés Haugh 

Máster en Arquitectura Hospitalaria: Diseño, Organización y Gestión

Arquitecto oriundo de Rojas (Buenos Aires), graduado por la Universidad Nacional de Rosario (UNR), donde inició su trayectoria destacándose al obtener el Primer Premio del Concurso ARQUISUR para estudiantes en 1997. Posee una sólida formación de posgrado: Máster en Arquitectura Hospitalaria (ALEBAT, 2024), especialización que ha definido gran parte de su labor profesional.

Desde mediados de la década del 2000, su carrera ha estado profundamente vinculada al sector de la salud. Tras ocupar la Jefatura de Mantenimiento del Sanatorio Parque de Rosario, actualmente ejerce como Asesor de Arquitectura de Grupo Oroño, liderando equipos interdisciplinarios en el desarrollo de proyectos y obras de alta complejidad técnica.

En paralelo, dirige su propio estudio, brindando soluciones integrales en diseño arquitectónico, planificación estratégica, interiorismo y puesta en valor patrimonial. Su práctica profesional se distingue por un enfoque riguroso que fusiona la excelencia estética con la sostenibilidad, la innovación tecnológica y un manejo estratégico de los recursos visuales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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1° Congreso IFHE LATAM

La tecnología al servicio de lo esencial