¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza al oír “robot en un hospital”? Pensás en un quirófano. ¿No es cierto? Ya sean el robot Da Vinci, de Intuitive; Mako, de Medtronic; o Hugo, son brazos mecánicos milimétricos. Tenemos cientos de vídeos espectaculares. Un cirujano mirando una consola mientras un paciente yace rodeado de tecnología de muy alto costo.
Esa robótica existe y es importante. Tiene sentido en determinados hospitales, procedimientos y economías clínicas. Pero no es el punto de partida necesario más operativo para la mayoría de los hospitales en todo el mundo; en Latinoamérica, sin duda.
La oportunidad más inmediata no está ahí. Está en otro sitio, más abajo. Más cerca del suelo, más cerca del almacén, la farmacia, el laboratorio, la lavandería, la esterilización, los pasillos y los ascensores. La próxima ola de robótica hospitalaria útil no tiene por qué parecer una escena de ciencia ficción. Puede parecer un carrito autónomo que lleva muestras de sangre, o medicación, o de material estéril. También comida, o residuos.
Un robot sin glamour. Sin bata, sin cara amable, sin pretensiones de parecer necesariamente humano. La revolución viene disfrazada de carrito autónomo, no de C-3PO, el robot dorado de Star Wars, pero con bata. El hospital está lleno de trabajo invisible, precisamente por eso puede funcionar. Un hospital no solo cura, también mueve cosas. Mueve medicamentos, muestras biológicas, ropa limpia, sucia, y sobre todo instrumental quirúrgico.
Pero como decía arriba, también comida, documentación, residuos, material de almacén, kits, bandejas, tubos y cajas. Todo eso cruza pasillos todos los días en nuestros hospitales y clínicas. ¿Quién lo mueve? Lo hace personal administrativo, celadores, enfermería, auxiliares, técnicos, personal de limpieza, farmacia, laboratorio y logística interna. A veces con protocolos claros y otras veces como se puede. Muchas de ellas con interrupciones.
Es un trabajo que no aparece en las presentaciones de innovación, no queda bien en una foto institucional, no genera titulares. Pero consume horas, genera esperas; peor que eso, produce errores e introduce demasiada variabilidad. Y sobre todo arrastra a profesionales sanitarios hacia tareas de bajo valor, aquellas que no requieren el criterio para el que fueron formados y por el que cobran.
¿Puede que ése sea el primer error de muchas estrategias de innovación hospitalaria, mirar al quirófano antes de mirar al pasillo? Por eso antes de preguntarse si un hospital necesita un robot quirúrgico, conviene hacerse una pregunta menos sexy y más rentable: ¿Cuántas horas al día pierde moviendo cosas de un punto a otro?





¿De dónde vendrán los robots de servicio a Latinoamérica?
China nos genera paradojas, nos disgusta su priorización de derechos, a la vez que nos deslumbra en ingeniería y tecnología. China se ha convertido en un laboratorio gigantesco de robótica aplicada. No solo por volumen industrial, sino por una combinación difícil de replicar: fabricación, costos, velocidad de integración, presión demográfica, hospitales enormes y voluntad institucional por automatizar.
La International Federation of Robotics registró casi 200.000 robots de servicios profesionales vendidos en 2024, con un crecimiento del 9%. La categoría dominante fue transporte y logística, con 102.900 unidades vendidas, que aumentó un 14%. Limpieza profesional creció 34%, hasta más de 25.000 unidades. Los robots médicos crecieron 91%, hasta unas 16.700 unidades.
Pero no hay que quedarse solo en que “hay más robots”. El dato importante es que los robots que más se venden para uso profesional no son humanoides filósofos ni androides de recepción. Son robots que transportan cosas, limpian suelos, automatizan tareas repetitivas y reducen dependencia de mano de obra escasa, dando más valor al trabajo que puedes hacer.
Es decir: robots aburridos, ésos son los que nos interesan y la tesis de este artículo, una tesis muy sencilla: Latinoamérica no necesita copiar la estética del hospital futurista chino, necesita copiar las integraciones que ya funcionan. Sin fuegos artificiales, sin feria tecnológica de demos, con ruedas y luces.
Un caso de uso: logística interna
Un estudio reciente aceptado en Scientific Reports evaluó durante seis meses un sistema de diez robots autónomos para entrega de medicación y transporte de muestras en un hospital terciario. Las métricas: frente al modelo manual, los robots redujeron los tiempos de entrega entre 32% y 36%, lograron 100% de precisión de verificación e integridad, y completaron 7,3 veces más trayectos que 19 trabajadores manuales durante el periodo estudiado.
Importando la parte técnica, la parte económica posiblemente sea todavía más interesante. El modelo calculó una inversión inicial de 3,5 millones de yuanes, un costo total robótico a diez años de 5,705 millones de yuanes, frente a 12,633 millones de yuanes en costos laborales manuales acumulados. Ahorro neto: 6,928 millones de yuanes, payback: 3,4 años. Como se ve hemos dejado de hablar de un robot que “queda bonito”. Estamos hablando de tiempo, costo, precisión, trazabilidad y escalabilidad. Se llama innovación sanitaria operativa, lo demás es decoración cara.
El caso de uso en farmacia: donde el robot deja de ser juguete
La farmacia hospitalaria combina volumen, repetición, trazabilidad, riesgo de error y presión operativa. En el Beijing Anzhen Hospital, sede de Tongzhou, diez robots nacionales operan en la farmacia de forma coordinada. Cubren entrada de medicamentos, almacenamiento, reposición y reparto. Según el hospital, los costos laborales de farmacia cayeron un tercio frente al modelo tradicional, porque el 95% de los pacientes que se registran por kiosco o app pueden recoger sus recetas en menos de cinco minutos.
El mismo hospital prepara robóticamente la medicación de alta de un paciente en 4 a 10 segundos, con verificación posterior mediante códigos de trazabilidad. El Shanghai Seventh People’s Hospital automatiza parte de su farmacia con dos robots ABB, con visión 3D y machine learning para almacenar, recuperar, seleccionar y clasificar medicamentos según prescripción. El objetivo fue simplificar el trabajo farmacéutico y mejorar la seguridad del reparto. La lección no es “compremos robots de farmacia mañana”. Sino “donde hay repetición, inventario, trazabilidad y error potencial, hay un caso robótico posible”.
Muestras, laboratorio y patología: menos glamour, más impacto
El transporte de muestras en el hospital puede que no sea espectacular, por eso es otro candidato perfecto. Es rutinario, sensible, frecuente y tiene tiempos críticos. Si falla, molesta a todo el sistema. En el St. Antonius Hospital de Utrecht se desplegaron dos SwiftBots de Pudu Robotics para recoger y transportar material patológico en un entorno hospitalario de varias plantas.
Los robots hacen rutas fijas tres veces al día para recoger muestras de distintas consultas externas y llevarlas al circuito de patología. Interesa este caso por dos motivos. Primero, porque muestra un proveedor chino funcionando en un hospital occidental real, específicamente en la Unión Europea. Y porque el uso no es ciencia ficción, por el contrario, es prosaico: recoger biopsias, tejidos, muestras, material y hacer rondas. En definitiva, liberar tiempo humano. Esta es la robótica que puede entrar antes en Latinoamérica, no la que promete transformar la medicina en abstracto, sino la que elimina trayectos concretos.
Desinfección y limpieza: cuidado con vender magia
La limpieza autónoma y la desinfección llevan más tiempo en funcionamiento. Ya desde el Covid, China aceleró el uso de robots de desinfección. TMiRob, por ejemplo, tenía robots de desinfección en 60 hospitales chinos, 14 de ellos en Shanghái, y otros modelos diferentes en otros 70 hospitales. También Keenon Robotics lanzó robots médicos de entrega y desinfección durante la pandemia, y afirma haber desplegado robots en más de cien hospitales y centros de cuarentena en China.
Pero sepamos distinguir al vendedor de pócimas. Un robot UV o de desinfección no “soluciona” la infección hospitalaria. No sustituye protocolos, no sustituye limpieza humana donde hace falta fricción física. No sustituye vigilancia epidemiológica, no sustituye cultura de seguridad. Pero no por eso deja de añadir valor si se integra bien, o humo si se compra para ponerlo en LinkedIn.
Se necesita establecer métricas en todo lo que hace: zona de operación, frecuencia, tiempo, validación microbiológica, seguridad, mantenimiento, registro de ciclos y responsable operativo. Sin eso, se comprará un robot para tener una lámpara cara con ruedas.
Latinoamérica: oportunidad real, pero no ingenua
Todos sabemos que Latinoamérica tiene un problema en el sector salud: presión asistencial, presupuestos limitados, desigualdad entre centros, escasez de personal y mucha variabilidad operativa. La Organización Panamericana de la Salud proyecta una escasez de al menos 600.000 médicos, enfermeras y parteras en América Latina y el Caribe para 2030.
También señala distribución desigual, migración de profesionales y vacantes relevantes en enfermería en determinadas zonas. Eso no significa que los robots sean la solución al déficit sanitario, sería una estupidez con batería de litio. Pero sí significa algo más concreto: cada hora clínica recuperada cuenta.
Si un robot evita que una enfermera pierda tiempo moviendo material, no está sustituyendo enfermeras. Está evitando que una enfermera trabaje como sistema de transporte. Si un robot reduce errores de entrega, no está “deshumanizando” el hospital, está quitando variabilidad e incertidumbre. Si un robot hace rutas nocturnas de material, no está transformando la medicina, está haciendo algo más humilde y más útil: que el hospital funcione más barato.
En no basta con importar la máquina
Argentina, como en tantas otras cosas, merece una mención específica porque combina hospitales de alta capacidad técnica, restricciones presupuestarias, volatilidad macroeconómica y un marco regulatorio que obliga a ser muy preciso. La primera pregunta no debería nunca ser ¿qué robot compramos?, sino ¿qué problema tenemos que podríamos resolver de esta manera?
Por lo tanto y en caso que la solución fuera robótica, ¿qué uso previsto tendrá ese robot? Si el robot solo transporta ropa, comida, documentación o material no clínico, el análisis regulatorio es uno. Si transporta muestras biológicas, medicamentos o material estéril, cambia. Si dispensa medicación, interactúa con sistemas clínicos o trata datos de pacientes, cambia mucho más.
En Argentina, la Disposición ANMAT 2318/2002 establece el marco Mercosur de registro de productos médicos; obliga al registro de los productos médicos encuadrados en ese documento, exige documentación para clases II, III y IV, y para productos importados requiere comprobante de registro, certificado de libre comercialización o documento equivalente emitido por la autoridad competente del país de fabricación o comercialización.
Además, si el robot usa cámaras, nube, identificación de pacientes, integración con HIS/LIS/farmacia o registros de trazabilidad clínica, aparece la cuestión de datos. La Ley argentina 25.326 considera los datos de salud como datos sensibles, exige finalidad, proporcionalidad, seguridad, confidencialidad, y reglas para tratamiento y cesión. No es tan restrictivo como en Europa, sin duda, y por ello no mata el proyecto. Por el contrario lo ordena, y eso puede ser muy bueno, porque la robótica hospitalaria debe entrar por la puerta de operaciones, regulación y mantenimiento. No por la alfombra roja del “somos innovadores”.
Insisto, el orden lógico para la implantación de robótica hospitalaria en Latinoamérica no debería empezar necesariamente por cirugía robótica avanzada, debería avanzar en paralelo pero a otro ritmo.
Siete grupos de implementación
1- AMR logísticos: Robots móviles autónomos para transportar medicación, muestras, consumibles, ropa, comida, residuos o instrumental. Son el caballo de batalla, son el Toyota Corolla de la robótica hospitalaria. No enamoran, funcionan.
2- Robots de farmacia: Sistemas de almacenamiento, selección, clasificación y dispensación. Aquí el valor es alto, pero la regulación y la validación también y por ello tiene que justificarlo el volumen, así que son buenos candidatos para hospitales medianos-grandes con volumen farmacéutico suficiente.
3- Transporte de muestras: Muy bueno para conectar consultas, laboratorio, patología y hospitalización. Fácil de medir. Tiempo, errores, trazabilidad, rondas, incidencias.
4- Limpieza autónoma: Especialmente en pasillos, zonas comunes, áreas amplias y horarios valle. No sustituye la limpieza especializada, pero reduce mucha carga repetitiva.
5- Desinfección: Útil en áreas seleccionadas. Evita el discurso milagroso porque aquí manda el protocolo, no el folleto.
6- Esterilización y CSSD: Movilización y manipulación de sets quirúrgicos, bandejas, material estéril y rutas limpias/sucias. Alto potencial como de mayor exigencia.
7- Robots de guía o recepción: Pueden tener sentido en hospitales grandes, pero son peligrosos como prioridad. Dan visibilidad, no siempre dan valor. Se pueden quedar en simple márketing, no es el caso de este artículo, son el azúcar del café: agradable, pero no alimenta.
Cómo copiar bien lo que ya funciona
Copiar no significa importar una máquina y rezar. Copiar bien significa traducir un despliegue probado a un contexto local. Así que hay que empezar por un proceso, nunca por un robot, porque lo peor que se puede hacer es decir “Queremos un robot para innovación hospitalaria”.
Muy al contrario: “Tenemos 180 trayectos diarios entre farmacia, hospitalización y laboratorio; queremos reducirlos un 40%, bajar errores, registrar entregas y liberar tiempo del personal”. La diferencia es enorme. De modo que se necesita primero un piloto. El piloto debe ser pequeño, medible y cruelmente práctico. Una ruta, dos o tres servicios. Un edificio y un turno. Métricas antes y después. Incidencias, coste total, personal liberado. Mantenimiento. Fallos de ascensor, puertas. WiFi, rampas, seguridad e interacción con pacientes. Limpieza del robot. Responsabilidad si se pierde una muestra.
Porque el hospital real no es una demo, la demo tiene suelo limpio, pasillo vacío y aplausos, el hospital no. El hospital tiene camillas, familiares, ascensores saturados, personal con prisa, señal wi fi irregular, puertas pesadas, protocolos, sindicatos, miedo al cambio y alguien preguntando quién paga si el robot se queda bloqueado delante de urgencias. Ahí se ve si hay producto. Así que menos robot y más sistema.
El robot no es el producto. El producto es el sistema operativo físico que se rediseña alrededor del robot. Rutas. Protocolos. Responsables. Integración. Seguridad. Limpieza. Carga. Mantenimiento. Repuestos. Indicadores. Formación. Plan B. Escalado. Un robot sin todo este proceso es “un carrito caro”.
Por eso Latinoamérica no debería comprar robots chinos como quien compra gadgets. Debería comprar aprendizajes ya testeados en China: qué tarea robotizar, con qué flujo, bajo qué volumen, con qué métricas, con qué fallos previsibles y con qué retorno. El proveedor del robot claro que importa, pero el integrador importa más, y el diagnóstico previo importa todavía mucho más.
Antes de nada deberías hacerte cinco preguntas
Primera: ¿Qué tarea exacta va a desaparecer o reducirse? Si la respuesta es vaga, no hay proyecto.
Segunda: ¿Qué métrica mejora? Tiempo de entrega. Número de trayectos. Errores. Costo. Espera. Trazabilidad. Satisfacción del personal. Si no se puede medir, es teatro.
Tercera: ¿Quién mantiene el robot localmente? Importar hardware sin servicio técnico es comprar una futura escultura.
Cuarta: ¿Qué pasa cuando falla? Plan manual, alerta, responsable, seguro, trazabilidad. El robot debe fallar de forma ordenada.
Quinta: ¿Qué regulación aplica? No es lo mismo transportar comida que dispensar medicación. No es lo mismo limpiar un pasillo que manejar datos de pacientes. No es lo mismo un robot logístico que un producto médico.
La frontera entre innovación seria y dolor de cabeza es carísim, porque la innovación que no presume, la robótica hospitalaria útil para Latinoamérica no empezará necesariamente con brazos quirúrgicos de millones de dólares. Puede empezar con algo mucho más modesto.
Un robot que lleva muestras, un robot que sube medicación, un robot que limpia pasillos, un robot que mueve material estéril, un robot que reduce trayectos que nadie había contado. Esa es la oportunidad hoy, no vender futurismo de feria con ruedas y luces, hierro con ruedas. Tampoco poner un humanoide en recepción para que diga “bienvenido” mientras el laboratorio sigue esperando muestras.
No confundas innovación con escenografía. Mirá a China como banco de pruebas, donde se identifican robots ya funcionando en hospitales reales, se filtran usos de bajo riesgo, pero hay que adaptar la regulación país por país, empezar por pilotos pequeños y medir valor operativo. Porque un hospital no necesita parecer una película, sino funcionar mejor y hay muchas cosas que pueden funcionar mejor en nuestros hospitales. Y es que a veces, la tecnología más transformadora no entra por el quirófano. Entra por el pasillo.

Dr. Rafael Areses
Médico MD DDS OS. Especialista en Cirugía Oral por la Universidad Complutense de Madrid y Universidad de Columbia NYC
Certificado por MIT en Management y en Estrategia por la Escuela de Negocios de Harvard.
Actualmente es consultor y asesor de empresas de tecnología y miembro activo del Board de Alebat Education.
Es autor de los libros “The Busy person’s guide to AI (Inteligencia Artificial, la guía para la persona ocupada)” y “La Revolución silenciosa. Inteligencia Artificial para entornos de negocio”.
rafareses@gmail.com
rafael.areses@alebateducation.com



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