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El quirófano robótico de Sanatorio Parque

Arq. Andrés Haugh

 

La cirugía robótica representa uno de los mayores cambios de paradigma en la medicina contemporánea. Su incorporación transforma no solamente la manera de operar, sino también la relación entre el paciente, la precisión quirúrgica y el espacio hospitalario.

A diferencia de la cirugía tradicional, la cirugía robótica permite procedimientos mínimamente invasivos con niveles extraordinarios de exactitud, visión aumentada y control de movimiento. La reducción del trauma quirúrgico, el menor sangrado, la disminución del dolor postoperatorio y los tiempos más rápidos de recuperación modificaron profundamente la experiencia del paciente y la eficiencia clínica.

Pero junto con esa evolución apareció un nuevo desafío. La complejidad tecnológica dejó en evidencia que el quirófano ya no podía pensarse únicamente como un recinto técnico. La cirugía robótica necesitaba una nueva arquitectura.

Una arquitectura capaz de integrar:

  • precisión,
  • conectividad,
  • ergonomía,
  • flujos complejos,
  • soporte tecnológico,
  • y experiencia humana.

En el desarrollo de la Experiencia Da Vinci para Sanatorio Parque, comprendimos que el verdadero desafío no consistía solamente en diseñar un quirófano para un robot.Consistía en diseñar un ecosistema para una persona.

Porque detrás de toda cirugía existe alguien atravesando un momento de enorme vulnerabilidad física y emocional. Y en esa transición —desde la llegada al sanatorio, el ingreso al campo operatorio y su recuperación en la habitación— la arquitectura tiene un rol mucho más profundo de lo que habitualmente se supone. La Experiencia Da Vinci nace precisamente allí: en comprender que el verdadero centro del proyecto no era la máquina, sino el recorrido humano alrededor de ella. Durante el proceso de diseño apareció entonces una referencia inesperada: Leonardo Da Vinci. No desde el robot que lleva su nombre, sino desde sus dibujos, sus estudios anatómicos, sus geometrías radiales, la relación entre cuerpo, movimiento y proporción. Particularmente desde el Hombre de Vitruvio.

A partir de esa investigación, el quirófano robótico dejó de pensarse como una sala tecnológica y comenzó a desarrollarse como una arquitectura del movimiento humano. Una arquitectura donde cada línea, cada proporción y cada flujo responden al paciente.

 

 

El paciente como centro del sistema

En la mayoría de los bloques quirúrgicos tradicionales, el paciente suele ser transportado a través de una secuencia predominantemente técnica: pasillos neutros, puertas automáticas, luces frías, equipamiento visible, circulaciones complejas.

La experiencia emocional queda muchas veces relegada frente a la necesidad operativa.

La Experiencia Da Vinci propuso invertir esa lógica.Todo el sistema fue diseñado a partir de una pregunta fundamental: ¿Cómo reducir la ansiedad del paciente dentro del entorno tecnológicamente más complejo del hospital?

La respuesta no apareció en un único recurso arquitectónico. Apareció en la coordinación total de los flujos. Porque la experiencia humana no depende solamente del espacio final.

Depende de cómo las personas habitan el espacio.

 

Arquitectura de secuencias

 

Leonardo entendía que el movimiento era una forma de conocimiento. Sus dibujos anatómicos nunca representaban cuerpos estáticos. Representaban trayectorias.

Tensiones. Equilibrios dinámicos. Ese mismo concepto comenzó a organizar el bloque quirúrgico.

La Experiencia Da Vinci fue concebida como una secuencia espacial continua donde cada transición reduce la fricción física y emocional. Desde el ingreso al área quirúrgica, el paciente atraviesa espacios deliberadamente despojados de agresividad técnica.

Las líneas lumínicas integradas acompañan el desplazamiento. Las curvas suavizan direcciones. Los reflejos expanden profundidad. Las visuales largas eliminan la sensación de encierro. La temperatura de color acompaña el ritmo circadiano de la luz exterior.

La arquitectura comienza así a trabajar sobre la percepción del tiempo y la ansiedad. El recorrido deja de sentirse hospitalario en el sentido tradicional. Se transforma en una experiencia controlada de transición.

 

Los flujos invisibles

Detrás de esa aparente serenidad existe una enorme complejidad operativa.

Un quirófano robótico moviliza simultáneamente múltiples sistemas:

  • pacientes,
  • cirujanos,
  • anestesistas,
  • instrumentadores,
  • técnicos,
  • equipamiento móvil,
  • instrumental estéril,
  • residuos patológicos,
  • soporte digital,
  • ingeniería biomédica,
  • mantenimiento,
  • soporte audiovisual.

Cada uno posee recorridos específicos.Tiempos distintos. Necesidades diferentes La arquitectura debía evitar interferencias permanentes entre todos esos flujos.

Pero además debía lograr algo mucho más difícil: hacer que esa complejidad no fuera percibida por el paciente.

La Experiencia Da Vinci se construye precisamente sobre esa paradoja. Cuanto más complejo es el sistema operativo, más simple debe sentirse la experiencia humana.

 

El quirófano como centro geométrico

 

En el corazón del proyecto aparece el quirófano robótico. Y allí la influencia del Hombre de Vitruvio se vuelve explícita.

El espacio se organiza mediante dos geometrías esenciales:

  • el cuadrado, sosteniendo el teatro de operaciones
  • y el círculo suspendido sobre el cielorraso.

Entre ambos aparece el cuerpo humano.

La mesa quirúrgica ocupa el eje central exacto del sistema. Sobre ella converge toda la estructura radial de iluminación y soporte tecnológico.Nada está dispuesto aleatoriamente. Las líneas lumínicas del cielorraso replican tensiones radiales que ordenan visualmente el espacio y organizan la percepción del movimiento robótico. El robot deja entonces de verse como una máquina apoyada dentro de una sala. Comienza a percibirse como parte de una composición anatómica y espacial integrada.

 

La geometría como herramienta emocional

 

La decisión de utilizar geometrías circulares no respondió únicamente a una búsqueda formal. El círculo posee una enorme carga perceptiva y simbólica. A diferencia de las geometrías ortogonales tradicionales del hospital, elimina jerarquías agresivas y genera sensación de contención.

El paciente, incluso inconscientemente, percibe esa estabilidad espacial. La arquitectura comienza así a operar sobre dimensiones emocionales invisibles:

  • calma,
  • orientación,
  • equilibrio,
  • control perceptivo.

La tecnología queda integrada dentro de un sistema geométrico armónico. Y eso modifica radicalmente la experiencia del espacio quirúrgico.

El movimiento del robot y el movimiento humano

Uno de los hallazgos más interesantes del proyecto aparece en la relación entre los movimientos del robot y los movimientos humanos.Leonardo estudiaba obsesivamente las articulaciones del cuerpo y la mecánica del movimiento. Los brazos robóticos del sistema Da Vinci parecen continuar esa misma investigación, quinientos años después.

El quirófano fue diseñado para potenciar esa lectura biomecánica.Los brazos suspendidos dialogan directamente con las líneas radiales del cielorraso. Las trayectorias de movimiento encuentran correspondencia geométrica en el espacio. La iluminación acompaña visualmente las tensiones mecánicas.Todo el quirófano funciona como una coreografía técnica. Pero detrás de esa precisión robótica sigue existiendo una lógica profundamente humana: la búsqueda de movimientos más precisos, menos invasivos y menos traumáticos para el cuerpo del paciente.

El silencio visual

Uno de los objetivos centrales del proyecto fue reducir el estrés visual característico de los entornos quirúrgicos de alta complejidad.

La contaminación tecnológica genera ansiedad incluso cuando no se la percibe conscientemente. Por eso la arquitectura comenzó a trabajar desde la idea de silencio visual. Superficies continuas. Líneas limpias. Iluminación integrada. Equipamiento organizado geométricamente.Ausencia de elementos disruptivos. La complejidad técnica permanece presente, pero visualmente ordenada. Y ese orden transmite seguridad.La Experiencia Da Vinci no busca impresionar al paciente mediante tecnología visible. Busca tranquilizarlo mediante armonía espacial.

 

 

La experiencia antes y después de la cirugía

 

Uno de los aspectos más importantes del proyecto es que la experiencia no comienza dentro del quirófano. Comienza mucho antes. Las áreas de transferencia y preparación mantienen la misma lógica espacial: líneas fluidas, geometrías suaves, integración lumínica continua, transiciones sin rupturas. Incluso el tratamiento gráfico de los vidrios —inspirado en el Hombre de Vitruvio— funciona como una anticipación conceptual del sistema completo. El paciente nunca abandona la sensación de continuidad espacial. La arquitectura acompaña psicológicamente el proceso quirúrgico.

Humanizar la ultratecnología

Existe una paradoja contemporánea en medicina: a mayor sofisticación tecnológica, mayor necesidad de humanización. La cirugía robótica representa uno de los máximos niveles de complejidad tecnológica dentro del hospital contemporáneo. Pero precisamente por eso, la arquitectura debía recuperar algo esencial: la dimensión humana del cuidado.

La Experiencia Da Vinci no intenta esconder la tecnología. Intenta integrarla espacialmente. Ordenarla. Hacerla comprensible. Volverla armónica.Y quizás allí radique el verdadero valor del proyecto. No en el robot. No en la infraestructura. No en la innovación tecnológica. Sino en la capacidad de transformar toda esa complejidad en una experiencia humana serena.

Lo que Leonardo nos enseñó

Durante el proceso de diseño descubrimos algo inesperado. Leonardo da Vinci nunca separó arte, ciencia, anatomía, ingeniería y arquitectura.Para él, todo formaba parte de un mismo sistema de relaciones. Sus dibujos no eran solamente representaciones del cuerpo humano. Eran estudios sobre el equilibrio. Sobre movimiento. Sobre la proporción. Sobre la armonía.

Y quizás allí apareció el mayor aprendizaje de la Experiencia Da Vinci.Comprender que la arquitectura hospitalaria no puede limitarse únicamente a resolver infraestructura técnica. Debe comprender profundamente la vida humana que contiene. El estudio de Leonardo nos recordó que incluso dentro del entorno médico más avanzado, el cuerpo sigue siendo el centro de todas las decisiones espaciales. Que la tecnología sólo tiene sentido cuando mejora la experiencia humana. Y que la verdadera innovación no consiste en hacer visible la complejidad, sino en lograr que desaparezca detrás de una experiencia natural, precisa y humana.

El lema del Anuario AADAIH 2026 —“La tecnología al servicio de lo esencial”— encuentra allí una dimensión profundamente arquitectónica. Porque para quienes proyectamos espacios de salud, lo esencial no es solamente la tecnología ni siquiera el edificio.

Lo esencial es la vida humana atravesando el espacio. Cada recorrido. Cada espera. Cada transición. Cada momento de vulnerabilidad. La arquitectura tiene entonces una responsabilidad silenciosa pero trascendental: transformar tecnología en cuidado.

Entender cómo el conocimiento, la proporción y la técnica podían ponerse finalmente al servicio de lo más esencial: la condición humana.

 

 

 

 

 

 


Andrés Haugh 

Máster en Arquitectura Hospitalaria: Diseño, Organización y Gestión

Arquitecto oriundo de Rojas (Buenos Aires), graduado por la Universidad Nacional de Rosario (UNR), donde inició su trayectoria destacándose al obtener el Primer Premio del Concurso ARQUISUR para estudiantes en 1997. Posee una sólida formación de posgrado: Máster en Arquitectura Hospitalaria (ALEBAT, 2024), especialización que ha definido gran parte de su labor profesional.

Desde mediados de la década del 2000, su carrera ha estado profundamente vinculada al sector de la salud. Tras ocupar la Jefatura de Mantenimiento del Sanatorio Parque de Rosario, actualmente ejerce como Asesor de Arquitectura de Grupo Oroño, liderando equipos interdisciplinarios en el desarrollo de proyectos y obras de alta complejidad técnica.

En paralelo, dirige su propio estudio, brindando soluciones integrales en diseño arquitectónico, planificación estratégica, interiorismo y puesta en valor patrimonial. Su práctica profesional se distingue por un enfoque riguroso que fusiona la excelencia estética con la sostenibilidad, la innovación tecnológica y un manejo estratégico de los recursos visuales.

Mail estudio.arqhaugh@gmail.com 

Instagram @andreshaugh_arquitecto

https://www.instagram.com/andreshaugh_arquitecto/

 

 

 

 

 

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Sala de tratamiento con el equipo Gamma Knife Esprit (Elekta) instalado. El búnker de 45 m2, con muros y techo de 50 cm de concreto armado, alberga el único equipo de esta tecnología en Latinoamérica. La camilla motorizada introduce al paciente en el arco de irradiación para un tratamiento que no supera los 20 minutos.

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