Los edificios destinados a la atención de la salud constituyen uno de los campos más complejos dentro de la arquitectura contemporánea. Con los avances de la medicina actual, en estas construcciones convergen requerimientos funcionales, tecnológicos, ambientales, sociales, y requerimientos de nuevos procesos médicos que evolucionan de manera constante, exigiendo por lo tanto una actualización profesional permanente con una mirada necesariamente multidisciplinaria.
Sin embargo, más allá de esta complejidad, su sentido último permanece inalterable: alojar y acompañar el cuidado de las personas. En este contexto, la creciente incorporación de tecnología en el ámbito sanitario plantea una tensión central: cómo evitar que los requerimientos técnicos se conviertan en un fin en sí mismo y desplacen aquello que le da sentido. La arquitectura, en tanto disciplina sintetizadora, tiene la capacidad de traducir esta complejidad en espacios comprensibles, eficientes y humanizados.
Los edificios para la salud pueden entenderse como sistemas, ya que en ellos coexisten áreas con diferentes requerimientos, donde la arquitectura, las instalaciones, el equipamiento y los procesos operativos configuran una red de relaciones complejas. Uno de los principales desafíos es comprender la articulación entre sus distintas áreas y los flujos que las atraviesan —pacientes, personal, insumos y equipamiento—, cuya resolución resulta determinante para la comprensión y eficiencia operativa del edificio para la salud.
Desde el punto de vista pedagógico, esto implica enseñar a operar sobre esa complejidad sin reducirla, evitando al mismo tiempo que los requerimientos técnicos sean abordados de manera aislada, incorporándola desde el inicio del proceso proyectual, con un enfoque interdisciplinario. Formar arquitectos en este campo supone, entonces, desarrollar la capacidad de interpretar estos sistemas para traducirlos e incorporarlos en decisiones arquitectónicas.
El posgrado que dirigimos en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata, desarrollado íntegramente a distancia a través del aula virtual de la facultad, se inscribe en este escenario, cuya propuesta pedagógica incorpora la tecnología —tanto en el objeto de estudio como en el entorno de enseñanza— para analizar, comprender y trabajar el espacio para la salud.
La modalidad en línea se configura como un espacio activo de intercambio, posibilitando la participación de profesionales que se desarrollan en diferentes contextos geográficos, lo que genera un intercambio basado en la diversidad de experiencias.
El enfoque pedagógico
El programa de posgrado nació como un espacio donde profundizar en algunas de las áreas más complejas que configuran el Edificio para la Salud.
El recorrido pedagógico se organiza como una secuencia progresiva en base a módulos de diferente alcance y complejidad. Los mismos avanzan desde la comprensión general del edificio para la salud, hacia la profundización en áreas de alta complejidad. Todos los módulos comparten una misma estructura metodológica y se desarrollan en forma articulada.
Presentan una primera parte de clases teóricas, dada por especialistas, donde los diferentes profesionales transmiten sus conocimientos y comparten sus experiencias, tanto en temas específicos, como exponiendo sus proyectos.







Una segunda parte la integran los estudios de casos. Ellos permiten analizar el edificio para la salud y las áreas en las cuales se focaliza el programa, en sus componentes fundamentales, abordando la organización funcional, la estructura circulatoria, las relaciones entre áreas y sectores, los requerimientos de equipamiento, integración de las instalaciones, estrategias de sustentabilidad y de humanización.
El análisis deja de ser descriptivo para convertirse en una herramienta para facilitar la comprensión y servir de insumo, permitiendo desarrollar y fundamentar, con una mirada crítica, decisiones proyectuales en contextos diversos.
Se incluye luego la etapa de proyecto, donde el diseño se plantea como instancia de síntesis y los conocimientos adquiridos se expresan en propuestas concretas. En este contexto, todos los requerimientos, y entre ellos la tecnología, se incorporan como parte constitutiva del proyecto de arquitectura, permitiendo materializar soluciones espaciales que respondan a los diferentes aspectos que configuran el objeto de estudio.
Para el desarrollo de estos proyectos se propuso trabajar en hospitales de la red de salud de la Provincia de Buenos Aires, de modo que el ejercicio de simulación tenga un contexto real, en un hospital en funcionamiento y con requerimientos de acuerdo a su complejidad. Y a su vez trabajar en la transferencia de conocimiento entre la Universidad y la infraestructura de salud existente.
En uno de los módulos se desarrolla el diseño de un centro quirúrgico de mediana complejidad como trabajo final. En este ejercicio se toman en cuenta los diversos modelos de organización de centros quirúrgicos, que responden a diferentes lógicas de organización de los flujos, considerando los gradientes de asepsia, procesos médicos y política operacional del sector.
Los estudiantes seleccionan y desarrollan alguna de éstas tipologías en sus propuestas, evaluando ventajas y limitaciones e incorporando los requerimientos técnicos y la cualificación espacial desde su inicio.
La síntesis gráfica de cada proyecto permite visualizar esencialmente la estructura funcional-espacial y la organización de los flujos —de pacientes, personal e insumos—, integrando instalaciones y equipamiento médico.





A su vez, se propone la incorporación de estrategias proyectuales orientadas al bienestar de las personas —paciente, personal y acompañantes—, mostrando que incluso en entornos altamente tecnificados es posible aplicar criterios inherentes a nuestra disciplina, la arquitectura.
En otro módulo, correspondiente al área de Atención Ambulatoria Programada y de Urgencia, se aborda el diseño de la guardia de un hospital existente. Igualmente, en este caso, la propuesta parte de plantear una clara diferenciación entre los distintos flujos, estructurando la planta de forma que permita ordenar el funcionamiento sin interferencias.

I

La disposición de los espacios debe responder a una lógica precisa. Se plantean los accesos y la movilidad interna de los usuarios del sector y de los insumos necesarios, como también su vínculo con las circulaciones generales del hospital.
La planta se organiza en sectores específicos —consultorios, salas de tratamiento y de observación—, cada uno con sus correspondientes áreas de apoyo. Esta organización debe permitir una lectura clara del sistema, donde cada decisión espacial se vinculará directamente con un proceso de atención.
Al igual que en el anterior ejercicio de proyecto mencionado, esta propuesta debe integrar tanto los requerimientos técnicos y funcionales que generan eficiencia operativa, como aquellos que producen el bienestar en las personas: paciente, personal y acompañantes.
Resultados y aprendizajes
A lo largo del posgrado, los estudiantes desarrollan capacidades para comprender y operar sobre la complejidad propia de los edificios para la salud. Esto implica no solo identificar sus componentes funcionales y técnicas, sino también articularlos en decisiones proyectuales fundamentadas. El proceso permite construir criterios transferibles a distintos sectores del hospital, fortaleciendo una mirada integral que supera la resolución aislada de partes.
Asimismo, la modalidad virtual favorece por un lado la posibilidad de trabajar con grupos de profesionales que operan en entornos y culturas diversas, hecho que enriquece el intercambio de experiencias entre los integrantes; y por el otro posibilita el desarrollo de habilidades vinculadas a la comunicación y a la argumentación, cada vez más relevantes en nuestra práctica profesional.
Reflexiones finales
La arquitectura de edificios para la salud exige hoy profesionales capaces de intervenir en sistemas sumamente complejos, con celeridad y sin perder de vista su sentido fundamental. En este contexto, la enseñanza adquiere un rol clave en la construcción de una mirada crítica que permita articular conocimiento técnico y compromiso con el cuidado de la salud. No solo para proyectar espacios más eficientes, sino también para construir entornos más humanos.
En definitiva, lo fundamental es orientar a los arquitectos en el desarrollo de competencias para utilizar con criterio todos los recursos, incluidos los tecnológicos, poniendo la arquitectura para la salud al servicio de aquello que le da razón de ser: la vida, el cuidado y la dignidad de las personas.
Mariana Irigoyen
Arquitecta graduada en la FADU de la Universidad de Buenos Aires. Especialista en Planificación del Recurso Físico en Salud CIRFS-FADU-UBA. Consultora del Programa BID-GCBA 1107 en obras de salud. Docente del posgrado Taller de Proyecto de Edificios para la Salud de FADU UBA AADAIH. Codirectora y docente del Programa de Posgrado “El Edificio para la Salud y el Diseño de sus Áreas” en la FAU de la UNLP. Socia del Estudio ArquiSalud Guth Irigoyen Monza (CABA).
María Marcela Leiva
Arquitecta graduada en la FAU de la Universidad Nacional de La Plata. Magíster en Arquitectura Hospitalaria UCSAM – AIDHOS, España. Diplomada en Sustentabilidad en Espacios para la Salud II UGA – AADAIH y con otros posgrados de la especialidad. Codirectora y docente del Programa de Posgrado “El Edificio para la Salud y el Diseño de sus Áreas” en la FAU de la UNLP. Socia del Estudio Leiva-Saüer de Comodoro Rivadavia (Chubut).



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