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Complejo hospitalario Fundación Santa Fe de Bogotá

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REFERENCIAS EN METROS CUADRADOS Y FECHAS DE FINALIZACIÓN DE CADA ETAPA

Superficie cubierta y fecha de finalización de cada etapa de intervención

A – Expansión Fundación Santa Fe de Bogotá – FSB: 4.446 m 2 / 2016.

B – Torre de Servicios Ambulatorios – TSA: 902 m 2 / 2022

C – Edificio Jardín – EJ: 2.547m 2 / 2025

Etapas
Etapas

 

Solemos percibir los hospitales con incomodidad. Apenas entramos, queremos irnos. La aglomeración, los sillones incómodos, la luz homogénea y artificial, y una cierta sensación de contagio construyen una experiencia que nos expulsa.

Los hospitales, en su configuración más extendida, son espacios que suspenden la vida cotidiana: largos corredores, salas de espera estáticas, habitaciones aisladas.

Lugares donde el tiempo se dilata y donde la arquitectura parece responder únicamente a la eficiencia técnica. En ellos, la experiencia humana queda reducida a lo mínimo, como si todo lo que no fuera estrictamente funcional resultara innecesario.

Sala de espera tradicional.
Sala de espera tradicional.

Esta condición no es casual. Los hospitales han sido concebidos históricamente como infraestructuras de control, vigilancia y respuesta médica. Espacios donde el paciente, al ingresar, se convierte en un “interno”, definido por su enfermedad más que por su identidad.

La arquitectura, en este sentido, ha acompañado una lógica que privilegia la neutralidad, el aislamiento y la repetición, produciendo entornos que, aunque eficaces, resultan ajenos a la vida cotidiana. Colegios, cárceles y hospitales comparten estructuras similares: tipologías organizadas desde el control y la separación del exterior.

Frente a esto, surge una pregunta fundamental: ¿cómo repensar el hospital para que no sea un lugar de incomodidad, tristeza o pesadumbre?

¿Cómo transformarlo en un espacio donde la vida no se interrumpa, sino que continúe

Humanizar el hospital no implica renunciar a la eficiencia, sino expandir su campo de acción. Significa incorporar la dimensión afectiva, social y cotidiana como parte esencial del proceso de sanación.

Pensar el hospital como un lugar de acogida implica reconocer que quienes lo habitan, pacientes, familiares, médicos y cuidadores, no son solo usuarios de un servicio, sino personas con historias, emociones y formas diversas de habitar el espacio.

La arquitectura, en este contexto, tiene la capacidad de sostener estas diferencias, de ofrecer condiciones para el encuentro, el descanso, la contemplación y el juego. La sanación no ocurre únicamente en el acto médico; también se construye en la relación con el entorno, con la naturaleza, con otros.

En este punto, la innovación tecnológica adquiere un sentido distinto. Lejos de entenderse como la incorporación de dispositivos o sistemas autónomos, se plantea como una tecnología humana: una inteligencia capaz de leer, organizar y potenciar las dinámicas sociales y urbanas que atraviesan el espacio construido. La tecnología no es solo infraestructura técnica, sino una forma de estructurar relaciones, de facilitar encuentros, de hacer legible el espacio y de conectar el hospital con la ciudad.

El Complejo hospitalario de la Fundación Santa Fe es el resultado de esta manera de entender la arquitectura y la tecnología. Se trata de un proyecto integral ubicado en Bogotá, Colombia, compuesto por tres intervenciones principales: la Expansión, la Torre de Servicios Ambulatorios y el Edificio Jardín. Más que edificios independientes, estas piezas funcionan como un sistema continuo que articula el hospital existente con nuevas formas de habitar.

Complejo hospitalario Fundación Santa Fe de Bogotá.
Complejo hospitalario Fundación Santa Fe de Bogotá.

Desde su concepción, el plan maestro propuso conservar y potenciar la imagen fundacional del hospital como un “jardín sanador”. Parte de una visión urbana que busca integrar activamente el complejo con su entorno inmediato. Más allá de resolver una necesidad de ampliación, los edificios se plantean como conectores dentro del tejido de la ciudad. Facilitan el flujo peatonal, activan áreas verdes y proponen espacios públicos que mejoran la calidad del entorno. El hospital se transforma así en un nodo urbano, un lugar de paso, de encuentro y de permanencia.

Emplazamiento y Esquema de crecimiento.
Emplazamiento y Esquema de crecimiento.

Cada uno de los tres proyectos desarrolla esta visión desde una estrategia específica que actúa de manera coordinada dentro del conjunto.

La Expansión introduce espacios de encuentro “anómalos” en distintos niveles, integrando actividades abiertas no solo en el plano de acceso sino también en altura. A través de una secuencia de espacios comunes, el edificio permite que lo público penetre en el hospital, ofreciendo nuevas formas de relación entre pacientes, familiares, personal médico y visitantes. Estos espacios funcionan como mediadores entre lo clínico y lo cotidiano, diluyendo los límites tradicionales del programa hospitalario.

Expansión de la Fundación Santafé de Bogotá
Expansión de la Fundación Santafé de Bogotá

La Torre de Servicios Ambulatorios propone un corredor vertical urbano donde la circulación deja de ser únicamente funcional para convertirse en experiencia. El edificio se recorre como una calle en altura, articulando salas de espera, espacios comunes y actividades anexas en un sistema continuo. Este recorrido no solo organiza los flujos, sino que también construye relaciones visuales y espaciales con la ciudad, permitiendo observar, orientarse y habitar el hospital como parte de un tejido urbano más amplio.

Torre de Servicios Ambulatorios.

Torre de Servicios Ambulatorios.
Torre de Servicios Ambulatorios.

El Edificio Jardín replantea la lógica de crecimiento vertical mediante una estructura horizontal que actúa como conector dentro del complejo. Su operación principal es consolidar una gran plaza pública y preservar la masa vegetal existente, reforzando el vínculo entre naturaleza, comunidad y cuidado. Más que un edificio aislado, funciona como una extensión del paisaje, integrando el hospital a un sistema verde continuo.

Edificio Jardín.
Edificio Jardín.

Estas estrategias retoman la idea de anomalía como herramienta proyectual. Las anomalías son espacios que, dentro de la lógica tradicional del hospital, podrían considerarse innecesarios o incluso improductivos.

Sin embargo, son precisamente estos espacios los que permiten introducir nuevas formas de vida dentro del hospital. Jardines, recorridos, espacios de juego y encuentro actúan como dispositivos que amplían la experiencia del usuario, reducen el estrés y generan condiciones más favorables para la sanación.

Introducir la vida dentro del hospital es, en sí mismo, un acto de transformación. Imaginar un hospital que pueda contener un jardín botánico, un mariposario, un parque infantil, una calle, un balcón o un cine es abrir la posibilidad de que la experiencia hospitalaria deje de estar asociada exclusivamente al dolor o la espera.

Estos espacios, que podrían parecer secundarios desde una lógica estrictamente funcional, son en realidad fundamentales para sostener la vida dentro del hospital. Son “anomalías” que cuestionan el orden establecido y que permiten imaginar otras formas de cuidado.

Diversidad de usos al interior del edificio.
Diversidad de usos al interior del edificio.

Estudios realizados por el científico del comportamiento y profesor de arquitectura Roger S. Ulrich desde la década de 1980 han demostrado que una ventana de hospital a menudo tiene un efecto beneficioso y restaurador. Los convalecientes que ven un paisaje, un jardín o un área plantada con árboles recuperan su salud más rápidamente y con menos esfuerzo que aquellos con vistas a una pared de ladrillo u otro espacio interior.

Este efecto beneficioso, una combinación de lo psicológico, emocional y fisiológico, se deriva de la mera mirada a la naturaleza, mientras se somete pasivamente a un tratamiento (Borasi y Zardini, 2012). En este sentido, la arquitectura no solo contiene la atención médica, sino que participa activamente en el proceso de sanación.

Además de generar una riqueza programática y espacial, el complejo hospitalario adopta el ladrillo como lenguaje material y solución constructiva emblemática tanto de la Fundación como de la arquitectura bogotana. Este material, presente en la imagen fundacional del hospital, permite establecer una continuidad con el conjunto existente y con el contexto urbano de la ciudad.

Cada proyecto lo retoma y reinterpreta de acuerdo con sus propias condiciones espaciales, ambientales y técnicas, incorporando nuevas tecnologías y sistemas constructivos sin perder el vínculo con la materialidad local.

Integrar tecnología de manera estratégica implica reconocer que el funcionamiento de un hospital no depende únicamente de sus sistemas médicos, sino también de cómo se articulan sus flujos, sus recorridos, sus espacios comunes y su relación con el entorno.

La capacidad de orientar, de conectar, de abrir o cerrar, de permitir la continuidad entre interior y exterior, es también una forma de tecnología. Una tecnología que no se ve necesariamente como objeto, sino que se experimenta como espacio.

Así, el complejo hospitalario se configura como un sistema que no solo responde a las exigencias médicas, sino que también construye un entorno habitable. Un lugar donde el cuidado se extiende más allá de lo clínico y se convierte en una experiencia compartida. Un espacio donde la arquitectura, la naturaleza, la ciudad y las personas se entrelazan.

El hospital como dispositivo de encuentro.
El hospital como dispositivo de encuentro.

Repensar el hospital desde esta perspectiva implica reconocer que la sanación no es un proceso aislado, sino una condición que se construye colectivamente. La arquitectura tiene la capacidad de facilitar este proceso, de hacerlo más amable, más cercano, más humano. La tecnología, entendida como una forma de inteligencia espacial y social, permite que esta visión sea posible.

El hospital deja de ser un lugar cerrado para convertirse en un espacio de encuentro. Un dispositivo de sanación abierto no solo para el tratamiento, sino también para el cuidado. Es una arquitectura conectada a la ciudad y a la cotidianidad que no oculta ni aísla el dolor o la enfermedad. Cuando se ingresa, no se para de vivir, la vida está adentro.

 

ANEXO DOCUMENTACIÓN GRÁFICA: EXPANSIÓN FUNDACIÓN SANTA FE DE BOGOTÁ (2016)

 

Corte Longitudinasl FSB
Corte Longitudinasl FSB

 

Planta FSB
Planta FSB

 

Planta Nivel 9 FSB
Planta Nivel 9 FSB

 

Detalles
Detalles

 

ANEXO DOCUMENTACIÓN GRÁFICA: TORRE DE SERVICIOS AMBULATORIOS (2022)

Corte TSA
Corte TSA

 

Planta nivel 1 TSA
Planta nivel 1 TSA
Planta nivel 3 TSA
Planta nivel 3 TSA
Planta nivel 12 TSA
Planta nivel 12 TSA

 

ANEXO DOCUMENTACIÓN GRÁFICA: EDIFICIO JARDÍN (2025)

 

Corte EJ.
Corte EJ.

 

 

 

 

 


El Equipo Mazzanti

Giancarlo Mazzanti es un arquitecto colomboitaliano, fundador de El Equipo Mazzanti, Fundación Horizontal y Jardín Parlante. Con más de 25 años de trayectoria, ha desarrollado una arquitectura basada en sistemas flexibles, el juego y la transformación social. Ha sido profesor invitado en universidades como Harvard, Columbia, Princeton y UPenn. Es el primer arquitecto colombiano en ingresar a las colecciones permanentes del MoMA de Nueva York y del Centre Pompidou de París.

info@eem.com.co

 

 

 

 

 

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